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La importancia del cómo

En las formaciones que hacemos desde Espirales CI y en los materiales que difundimos y que utilizamos siempre incidimos en la importancia del modo de trasmitir los contenidos. En el trabajo con niños y niñas y con sus familias el modo delimita la eficacia del contenido. En realidad, esto ocurre en cualquier trabajo, pero en nuestro caso cuando se trabaja con personas y especialmente si son personas, adultos, adolescentes o niños y niñas que están sufriendo, los profesionales tenemos que hacer un esfuerzo consciente y exquisito por encontrar maneras de llegar a ellos.

Y el «cómo» desde nuestra experiencia tiene que cumplir dos requisitos: ser vivencial y, a ser posible, ser corporal o físico. Son las dos claves de un aprendizaje para que sea de calado, para que transforme a la persona. El aprendizaje ha de ser experiencial, vivencial, no teórico, y ha de conllevar un elemento corporal en el aprendizaje. Que sea una experiencia vivida y sentida, y que se incorpore a través de los sentidos.

Aunque queda mucho por avanzar, el elemento vivencial empieza a estar más claro en los distintos ámbitos profesionales en los que trabajamos (el ámbito educativo, sanitario y social) pero la dimensión corporal del aprendizaje sigue siendo un reto a incorporar en los procesos de acompañamiento, de formación y educativos. El aprendizaje lo incorporamos a través de los sentidos, las emociones se reconocen a través de su correlato corporal y la memoria corporal es la que guarda el aprendizaje de todo aquello que vivimos y no pudimos hacer consciente. Poner consciencia en las sensaciones corporales, brindar elementos físicos que las personas puedan identificar en su propia vida, imágenes físicas que expliquen los conceptos y que la gente pueda reconocer, fundadas en elementos técnicos pero completamente alejadas del lenguaje técnico es una de las claves que marca la eficacia de nuestro trabajo.

Por poner un ejemplo, en el programa que desarrollé de prevención de abuso sexual en educación infantil que llamé «Escuchando mis tripas« se habla de las «tripas», no de la inteligencia somatosensorial ni del cerebro reptiliano, la amígdala o el sistema límbico. «Las tripas» es algo que todas las personas reconocen, comprenden y pueden incorporar, incluso los niños y niñas más pequeños (probablemente ellos justamente más que nadie) como criterio de autorregulación emocional y de protección.

Pero utilizar estas imágenes, realizar este esfuerzo por encontrar un «cómo» vivencial y físico, parece alejarnos de los contenidos académicos y técnicos. Digo «parece» porque nada más lejos de la realidad. Pero nos da miedo. Nos da miedo parecer poco profesionales, con falta de rigor técnico si perdemos la envoltura del lenguaje técnico. Y, sin embargo, persona a persona, grupo a grupo, una constata una y otra vez que son esos recursos los que transforman a las personas, los que les permite tomar consciencia de sus procesos emocionales y modularlos, gestionarlos mejor.

Y tomo consciencia de que cuando los profesionales nos refugiamos en la asepsia del lenguaje técnico (les pasa a los médicos con los pacientes, a los psicólogos, a los maestros, a los educadores sociales… a todos los que trabajamos con personas) lo hacemos desde nuestro propio miedo. Necesitamos justificar nuestro rol, nuestro lugar y legitimar ese rol desde un conocimiento que dejamos claro a la persona que sólo tenemos nosotros. Quizá sea verdad. Solo lo tenemos nosotros pero nuestro objetivo al acabar la intervención debe ser que también lo tengan ellos.

romeu_neuropoesiaAsí que cuando una, en medio de este esfuerzo cotidiano se encuentra con una entrada como la que escribió el otro día F. Javier Romeu en su blog defendiendo el trabajo de José María Toro (leedla, creedme, merece la pena) se sonríe y piensa que empezamos a ser muchos los que compartimos este proceso, este modo de hacer nuestro trabajo, este modo de estar como profesionales: con rigor y optimizando la eficacia de nuestros conocimientos.

Creo de verdad que compartimos un mismo objetivo: brindar herramientas a las personas para que puedan gestionar sus vidas de un modo saludable, como dice F. Javier, recuperando palabras como «amor» (no sólo vínculo ni apego), «alegría» (no sólo emociones positivas, actitudes propositivas o gestión positiva de las emociones) o «curiosidad» (no sólo exploración) como elementos clave de la salud psíquica del ser humano.

Gracias, una vez más, F. Javier y José María, por hacernos sentir acompañados al equipo de Espirales CI y a muchos más.

Pepa

Comentarios

Comentario de Javier Romeu
3 marzo, 2015

Gracias Pepa. En primer lugar por reseñar mi post (¡ya decía yo que las visitas habían subido!) Pero sobre todo por expresar maravillosamente bien lo que yo sólo fuí capaz de hacer a trompicones. !Cómo se nota tu bagaje de escritora! Un beso.

Comentario de Pepa Horno – Espirales CI
3 marzo, 2015

Gracias a ti, Javier, por inspirar tanto y a tantos. Ayer intente dejarte un comentario en tu blog con la entrada que había escrito, pero algo paso con wordpress que no conseguí validarlo y luego ya no tuve hueco en todo el día para volver a intentarlo, y hoy que iba a hacerlo…aquí estas 😉 Te adelantaste!
Un abrazo,
Pepa

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