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Mi experiencia en Uruguay (Pepa Horno)

Hace dos semanas estuve en Uruguay trabajando con la Asociación Nacional de Aldeas Infantiles SOS. Fui a dar dos talleres de formación a los equipos técnicos y el personal de cuidado directo en los centros y programas que desarrolla la organización en las diferentes regiones del país. Y aprovechando mi viaje, se organizó una conferencia abierta al público en la universidad como parte del Coloquio de Infancia.

Y ocurre que a veces mi trabajo acaba suponiendo un regalo inesperado, y esta fue una de esas ocasiones. Resulta que una conferencia que tanto los organizadores como yo pensábamos que tendría unas 200 personas en el mejor de los casos acabó reuniendo 800 personas en dos salas, una de quinientas personas en la que me escuchaban directamente y otra justo al lado donde me escuchaban por una pantalla.

La organización ha colgado el audio de la conferencia y queremos difundirlo también desde aqui porque refleja los conceptos clave del trabajo que desde Espirales CI estamos realizando para Aldeas Infantiles SOS en la región de Latinoamérica y el Caribe para la implementación de la crianza positiva en sus centros y programas.


En las próximas semanas esperamos también poder difundir una guía que hemos elaborado para la oficina regional de Aldeas Infantiles SOS sobre disciplina positiva que esperamos que sea un instrumento valioso para el trabajo con familias y educadores.

Pero no fue ese, ni los talleres, mi único regalo inesperado. Resulta que el único día libre que me quedaba en la semana, de la mano de dos bellísimas personas y profesionales, de esos que hacen que mi vida profesional merezca la pena, Samuel y Cecilia, fui a conocer un poquito del país. Y la vida confabuló y después de una semana de sol radiante, comenzó a diluviar. No llover, diluviar. Pero entre los tres fuimos capaces de convertir un día de lluvia donde el país parecía vacío (debo ser de las pocas personas que pueden decir que han visto Punta del Este casi totalmente vacío de personas) en un encuentro de almas.

Y nos reíamos pensando que mi experiencia de Uruguay estaba siendo algo extraña: o lo veía vacío o llenísimo de gente. Vacío cuando llegué y me recogieron Cecilia y Maca y buscamos un lugar donde desayunar un domingo por la mañana en Montevideo, la ciudad era como una ciudad fantasma. Vacío cuando paseábamos Punta del Este. Vacío también cuando llegamos a Casapueblo, del escultor Carlos Páez Vilaró, el lugar que más me gustó de todo el día y eso que apenas pude ver la entrada y al guarda de seguridad en una de las almenas. Pero llegar allí bajo las nubes, la oscuridad y el diluvio tuvo algo de mágico y surrealista al mismo tiempo.

Y al final, bien sea en los ecos y rostros de todas las personas que me escucharon en la conferencia, bien sea en el cariño con el que Samuel y Cecilia intentaron que conociera algo de su país, me quedó claro algo que tiene Uruguay: esa ternura melancólica. Una melancolía que lo inunda todo, y que tan presente está en los textos de dos de mis debilidades personales: Mario Benedetti y Eduardo Galeano.

Es una tierra de palabras, de cánticos y poemas. Una tierra extraña donde las cosas parecen caerse y al mismo tiempo levantarse. Una tierra con gente silenciosa y que sin embargo en los talleres casi no te deja acabar con tanta y tanta pregunta.

Así que prometí que escribiría este post al que iba a llamar “Uruguay vacía y bajo la lluvia”. Lo escribo para enviar mi agradecimiento a todos y cada uno de esos rostros de aquella sala que no olvidaré y a Samuel, Maca y Cecilia por cuidarme con ternura. No cabe el olvido.

Pepa Horno

Comentarios

Comentario de Fernanda
1 Julio, 2017

Fue maravilloso escucharte. Y la inmensidad que significó las salas llenas, refleja la inmensa inspiración que nos transmites a varios niveles. Gracias por tu cálido trabajo y tu simpatía. Ojalá la vuelta nos encuentre con un poco mas de tiempo ya que te hubiese escuchado por más horas disertando, y con un sol que te acompañara a descubrir otras bellezas como por ejemplo, nuestras sierras o ciudades como Piriápolis. Igualmente bien me doy cuenta que si es por un sol que te acompañe, no te hace falta, tienes luz propia. Gracias infinitas desde Uruguay.

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