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Etiqueta: vivencias

Presentación de “La mirada consciente” en Mallorca el 6 de octubre de 2017

Presentación del nuevo libro de Pepa Horno, Antonio Echeverría y Antonio Juanas La mirada consciente en los centros de protección. Cómo transformar la intervención con los niños, niñas y adolescentes publicado por la editorial CCS, con la participación de Margalida Puigserver, Consellera de Benestar i Drets Socials y Presidenta del Institut Mallorquí d’Afers Socials (IMAS), y de Pepa Horno y Antonio Echeverría, co-autores del libro.

Fecha: viernes 6 de octubre de 2017, a las 11:00.

Lugar: Salón de actos del edificio Gaspar Melchor de Jovellanos
Universitat de les Illes Balears (UIB)
Carretera de Valldemossa, km. 7,5
Palma, Mallorca (Illes Balears)

Entrada gratuita hasta completar el aforo.

[Entrada original del 22 de septiembre de 2017, actualizada a 6 de octubre de 2017, fecha de realización del evento].

Mi experiencia en Uruguay (Pepa Horno)

Hace dos semanas estuve en Uruguay trabajando con la Asociación Nacional de Aldeas Infantiles SOS. Fui a dar dos talleres de formación a los equipos técnicos y el personal de cuidado directo en los centros y programas que desarrolla la organización en las diferentes regiones del país. Y aprovechando mi viaje, se organizó una conferencia abierta al público en la universidad como parte del Coloquio de Infancia.

Y ocurre que a veces mi trabajo acaba suponiendo un regalo inesperado, y esta fue una de esas ocasiones. Resulta que una conferencia que tanto los organizadores como yo pensábamos que tendría unas 200 personas en el mejor de los casos acabó reuniendo 800 personas en dos salas, una de quinientas personas en la que me escuchaban directamente y otra justo al lado donde me escuchaban por una pantalla.

La organización ha colgado el audio de la conferencia y queremos difundirlo también desde aqui porque refleja los conceptos clave del trabajo que desde Espirales CI estamos realizando para Aldeas Infantiles SOS en la región de Latinoamérica y el Caribe para la implementación de la crianza positiva en sus centros y programas.


En las próximas semanas esperamos también poder difundir una guía que hemos elaborado para la oficina regional de Aldeas Infantiles SOS sobre disciplina positiva que esperamos que sea un instrumento valioso para el trabajo con familias y educadores.

Pero no fue ese, ni los talleres, mi único regalo inesperado. Resulta que el único día libre que me quedaba en la semana, de la mano de dos bellísimas personas y profesionales, de esos que hacen que mi vida profesional merezca la pena, Samuel y Cecilia, fui a conocer un poquito del país. Y la vida confabuló y después de una semana de sol radiante, comenzó a diluviar. No llover, diluviar. Pero entre los tres fuimos capaces de convertir un día de lluvia donde el país parecía vacío (debo ser de las pocas personas que pueden decir que han visto Punta del Este casi totalmente vacío de personas) en un encuentro de almas.

Y nos reíamos pensando que mi experiencia de Uruguay estaba siendo algo extraña: o lo veía vacío o llenísimo de gente. Vacío cuando llegué y me recogieron Cecilia y Maca y buscamos un lugar donde desayunar un domingo por la mañana en Montevideo, la ciudad era como una ciudad fantasma. Vacío cuando paseábamos Punta del Este. Vacío también cuando llegamos a Casapueblo, del escultor Carlos Páez Vilaró, el lugar que más me gustó de todo el día y eso que apenas pude ver la entrada y al guarda de seguridad en una de las almenas. Pero llegar allí bajo las nubes, la oscuridad y el diluvio tuvo algo de mágico y surrealista al mismo tiempo.

Y al final, bien sea en los ecos y rostros de todas las personas que me escucharon en la conferencia, bien sea en el cariño con el que Samuel y Cecilia intentaron que conociera algo de su país, me quedó claro algo que tiene Uruguay: esa ternura melancólica. Una melancolía que lo inunda todo, y que tan presente está en los textos de dos de mis debilidades personales: Mario Benedetti y Eduardo Galeano.

Es una tierra de palabras, de cánticos y poemas. Una tierra extraña donde las cosas parecen caerse y al mismo tiempo levantarse. Una tierra con gente silenciosa y que sin embargo en los talleres casi no te deja acabar con tanta y tanta pregunta.

Así que prometí que escribiría este post al que iba a llamar “Uruguay vacía y bajo la lluvia”. Lo escribo para enviar mi agradecimiento a todos y cada uno de esos rostros de aquella sala que no olvidaré y a Samuel, Maca y Cecilia por cuidarme con ternura. No cabe el olvido.

Pepa Horno

“La revolución fluorescente”, vídeo sobre abuso sexual infantil

Hay una fuerza transformadora que se esconde en la valentía de los adultos que fueron víctimas de abuso sexual infantil en la infancia y deciden convertir esa experiencia en un motor de vida, de luz para ellos y ellas mismas, para quienes les rodean y sobre todo para tantas y tantas personas que aún no logran alzar la voz.

“La revolución fluorescente” es el reflejo de esa valentía. Es un documental sobre abuso sexual, pero tiene algo diferente y es la perspectiva desde la que se habla de la experiencia, que está llena de respeto al dolor, de verdad, pero también de luz.

Participar en un proyecto así no sólo es un regalo, sino un honor. A nivel personal y como equipo de Espirales CI. Gracias a Producciones “Desde el cariño” por hacerlo posible y a la UNESCO por financiarlo. Y gracias a Julieta y a Alessandra, sobre todo. Este tipo de documentales tienen la posibilidad de llevar luz y voz a miles de personas que permanecen aún con el dolor silenciado, y sobre todo con la sensación de condena, de túnel sin salida.

Y para las familias, para quienes educan, para los profesionales… En definitiva, para la sociedad. Miren este documental, y miren sus rostros. Algo está ocurriendo. Desde Espirales CI ya nos hemos hecho eco de varios documentales y materiales que han salido últimamente en la misma línea. Algo se está moviendo. Es esa revolución de la que habla el vídeo. La que llegará y está llegando cuando los silentes deciden hablar.

Pepa Horno

Feliz 2017

La magia está en la vida.

Pero solo quien sabe mirar desde el afecto, la presencia y la consciencia puede captarla.

Desde Espirales Consultoría de Infancia queremos daros las gracias por tanta magia compartida.

¡Feliz 2017 de parte de todo el equipo de Espirales Consultoría de Infancia!

Testimonios de esperanza

Hace ya tiempo que desde Espirales CI planteábamos la necesidad de constituir un lobby potente con las asociaciones de adultos que fueron víctimas en su infancia de diferentes formas de abuso sexual infantil. Solo su testimonio y su incidencia política organizada, con el apoyo del trabajo de las organizaciones de infancia, podía cambiar las cosas en este tema.

Hablamos de la necesidad de hacer visibles los datos, de darles rostro y a través de ese rostro y ese testimonio, forzar la respuesta social e institucional.

Es un cambio que ya está ocurriendo. En un proceso parecido al que sucedió con la violencia de género: las víctimas están dejando de tener miedo, de sentir vergüenza y culpa para posicionarse en la legitimidad de su vivencia y su verdad. De ese modo, desde la fortaleza emocional que solo se logra a través de la elaboración del dolor, dan voz y llevan esperanza a las vidas de miles de personas, adultos y niños, que aún no pueden o saben hablar.

En las últimas semanas ha habido dos ocasiones poderosas de comprobar el efecto que el testimonio de una persona que fue víctima de abuso puede provocar.

El primero fue el programa “Salvados” donde se entrevistó a James Rhodes y a Gloria Viseras. Sobre James Rhodes, y su libro Instrumental escribí uno de los post más “desde las tripas” que he escrito en todos estos años en este blog.

El libro es estremecedor, pero no solo por la claridad y sencillez con la que narra el horror, sino por la esperanza, la luz que lleva su testimonio, justamente porque no oculta un ápice de ese horror, pero al mismo tiempo habla de sus guías de resiliencia: su hijo, su madre, su pareja, su mejor amigo, algunos profesionales y la música. Los que le salvaron. En el programa volvió a hacerlo. Con sencillez y claridad, de forma diáfana describió cómo se puede morir y destruirse por el daño que el abuso te produce y cómo puedes resurgir y vivir una vida plena si puedes hablarlo, elaborarlo y apoyarte en algunos seres amados. Su testimonio y el de Gloria son testimonios de vida y esperanza. Merecen ser vistos en silencio y honrando su valor.

Igualmente merece ser visto el documental “Cinco mujeres hablan” de la Fundación RANA, donde cinco mujeres cuentan sus testimonios de vida. Y justo este documental complementa la perspectiva del programa de “Salvados” porque habla, en momentos de forma desgarradora, del abuso intrafamiliar, que es el mayoritario.

Todos estos testimonios son oportunidad de luz, de vida y de esperanza para quienes aún no han podido encontrar su propia voz, aplastada por el miedo y el dolor. Y pueden, si logran unirse a todas las asociaciones que a día de hoy se han constituido en España, constituir un lobby de incidencia política en este tema realmente eficaz. Lograr que estos delitos no prescriban, unos procedimientos judiciales respetuosos con las víctimas, una formación adecuada para todos los profesionales que trabajan con niños, niñas y adolescentes, la existencia de equipos especializados, la coordinación de las actuaciones… son demandas que llevan encima de la mesa años, que desde Espirales CI retomamos a raíz de la creación de la subcomisión sobre violencia contra la infancia en el congreso de los diputados y el trabajo que se está realizando para un anteproyecto de ley. Demandas sobre las que se ha avanzado mucho, pero menos de lo que se hubiera hecho si esas estadísticas hubieran tenido voz y rostro.

Estos testimonios no son morbo, ni venganza. Son justicia, verdad y esperanza.

Pepa Horno

Nueva forma de comunicación desde Espirales Consultoría de Infancia

¡Recibid nuestros mejores deseos para el nuevo curso y para una mejor comunicación!

Adaptándonos a los cambios y a los estilos de comunicación más eficaces, desde Espirales Consultoría de Infancia seguimos buscando las vías que mejor se adaptan a quienes seguís nuestro trabajo y nuestro blog.

Hace ya un año anunciábamos nuestra decisión de reducir los boletines a aquellos materiales nuestros que ya aparecieran en nuestro blog. Después de la valoración de este año, hemos decidido continuar toda la comunicación a través de este blog, dejando los boletines como una parte de nuestra historia (que todavía se puede consultar en el apartado de boletines).

Para facilitar la transición, hemos pasado a la comunicación vía blog todas las direcciones que estaban suscritas a los boletines, para facilitar al máximo que podáis seguirnos, si esa es vuestra decisión. La comunicación se hará de esta forma, con un mensaje en vuestro correo cada vez que publiquemos una entrada. Si queréis cambiar la dirección donde recibir los mensajes, o directamente suscribiros o daros de baja, lo podéis hacer en el espacio que aparece en “Suscribirse al blog” en la columna de la derecha.

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Esperamos que este cambio nos sirva para estar en un contacto más fluido.

Con ilusión y agradecimiento por vuestra compañía,

Todo el equipo de Espirales Consultoría de Infancia

“Instrumental” de James Rhodes

InstrumentalHace ya varias semanas la editorial Blackie Books tuvo el detalle de enviarme un libro que yo había incluido en mi particular lista de lecturas pendientes para pedir a los Reyes Magos: Instrumental, de James Rhodes. Había leído sobre el libro, conocía la lucha de su autor y la editorial para que se pudiera publicar, y necesité tiempo y calma para leerlo.

Y esta noche, justo al cerrar sus últimas páginas, necesito sentarme y escribir sobre él. Son muchos los que lo han hecho ya, pero lo siento como un deber, algo que me sale de las tripas. Un deber no sólo hacia la editorial que me lo envió, sino hacia su autor, y hacia todas las vidas que he reconocido en sus páginas. Muchos pensamientos, emociones y vivencias de Rhodes las podrían escribir tal cual personas que he conocido que fueron víctimas de abuso sexual de niños o niñas o niños y niñas que lo están siendo ahora. Y además necesito escribir aquí, en Espirales CI, donde desde hace años trabajamos para dar voz a quienes la pierden, a esas víctimas de abuso sexual infantil.

Porque Instrumental está escrito por una de esas voces. Y no cualquiera: James Rhodes es un concertista de piano de gran prestigio que narra en este libro, con una intensidad que raya lo insoportable en algunos momentos, auténticas brutalidades que ha vivido. La primera de ellas y origen de todas las demás: ser violado desde los cinco a los diez años casi a diario por un profesor de su colegio. Luego llegan la droga, el alcohol, el prostituirse, los ingresos en centros psiquiátricos, los intentos de suicidio, las alucinaciones… En el libro no hay detalles escabrosos, hay datos desgarradores, radicales. Daré sólo uno: las cinco operaciones de espalda a las que se tuvo que someter por las malformaciones que las penetraciones anales a esa edad dejaron en su cadera y su rabadilla. Cinco, mencionadas como hechos, sin más. Sin un ápice de exceso. No describe el proceso, ni la rehabilitación, ni el tiempo hospitalizado. Tampoco da detalles sobre los abusos, porque no hace falta hacerlo. Sólo da los datos, como desgarros en la piel.

La voz de la víctima. Todas las víctimas piden justicia. Pero la justicia no se limita a la condena legal. Hablan del reconocimiento de su dolor, de poder nombrarlo tal y como fue, con esa radicalidad que te hace llorar al leer esos hechos, que te obliga a parar. Y del mismo modo te impele a volver a la lectura de Instrumental. Porque hay hechos radicales, que no admiten eufemismos. Como su autor dice lo que le sucedió no fueron abusos sino violaciones. Violaciones salvajes, añado yo. Y para un dato como ese no hay matices. No son admisibles. En las historias que he conocido en mi vida profesional y personal, a menudo la intensidad se ha confundido con exageración. Las víctimas con las que he trabajado hablan una y otra vez de la condena al silencio, de ser tratados como locos y locas, exagerados en el mejor de los casos. Y siempre culpables: no hiciste, no dijiste, no buscaste, te gustaba, mientes, callaste… siempre culpables. Las víctimas piden voz para la radicalidad de su dolor. Justicia en sus familias, sus comunidades, las instituciones, los medios de comunicación.

El dolor. Angustioso. Brutal. Desolador. Una enumeración de consecuencias del abuso que no desaparecen, con las que aprendió a vivir, mirándose a si mismo con aceptación y bondad. Esa misma mirada que percibió en algunas y preciadas personas y que tan imprescindible es para rehacerse. No se trata de quererse a uno mismo, sino de sentir compasión, de mirarse como niño aterrorizado, y recuperar ese niño, acunarlo, abrazarlo y decirle que le vio, y que ya pasó, que ya no está allí, impotente, aterrorizado, inmovilizado. Que ya es adulto, que puede afrontar el dolor. Pero para afrontarlo hay que poder compadecerlo, no en el sentido negativo de la compasión, sino en el de la aceptación y la bondad. La compasión de quien nombra las cosas como son, sin quitarles un ápice de dolor, rabia, intensidad y miedo, pero al mismo tiempo brinda un pequeño guiño, una luz. Realista porque no promete imposibles, ni grandes fuegos artificiales, sólo una pequeña luz para cada día, hasta que un día tras otro… haya vuelto de nuevo a la vida. En el tratamiento con víctimas de abuso sexual infantil, de niños o de adultos, es muy importante calibrar con cuidado las promesas, los procesos y los tiempos, siempre desde esa mirada hacia el niño interior.

En eso también el libro de Rhodes es un regalo. Nombra el dolor. Cáustico, aunque no escabroso. Nítido y escalofriante, pero hablando del otro lado del túnel. Donde hay luz. Y otra vida, a la que se llega SOLO si se da voz a aquel niño aplastado en cada violación. Este libro debería ser lectura obligada en las facultades de psicología, medicina, educación, las escuelas de formación de jueces y fiscales, trabajo social… todas las carreras cuyos profesionales, lo sepan o no, tendrán sentadas delante de ellos cientos de víctimas (como mínimo) a lo largo de su carrera profesional. Describe la disociación, el síndrome de estrés postraumático, los cuadros alucinatorios, las sensaciones corporales, las autolesiones (en mi opinión uno de los pasajes más difíciles del libro), el insomnio, las pesadillas, los trastornos alimenticios e intestinales… todo. Infinitos pequeños matices que profesionales, instituciones y familias no ven. Porque no pueden, o porque no quieren, o por una mezcla de ambas causas. Dolorosísima es la carta de la profesora que vio, intuyó, incluso pidió ayuda que le fue negada, y luego dejó ir. Dolorosa la declaración policial de él. El curso judicial del caso, que sólo parece cambiar cuando ella contribuye con su testimonio a la denuncia. Desgarrador el papel de muchos profesionales de la psicología y la psiquiatría en la historia y trascendental para la recuperación de Rhodes el de otros. Reflejadas las instituciones, sin más. Y desgarrador tener que seguir escuchando a gente que se permite decirle que habla de los abusos para vender libros, o para ser más famoso, o que le dice, como tantas veces escuchan las víctimas: “Si esto pasó en el pasado, ¿por qué no pasas página y sigues adelante?”. Todo esto forma parte también del silencio y la injusticia.

Os dejo un vídeo de una entrevista que le hicieron. Está en inglés, pero veréis su rostro y parte de la historia. Y, sobre todo, oiréis su voz:

Hay un aspecto concreto en el que el autor insiste en la historia y son los dos factores que le llevaron a romper la disociación, que deberían tenerse mucho más en cuenta de lo que se tienen en el ámbito profesional. Porque cuando hablamos de mantener la disociación hablamos de una persona que pudo estudiar, terminar una carrera universitaria, trabajar con gran “éxito” económico y social en la City londinense, casarse y tener un hijo, incluso más adelante fingir su rehabilitación lo suficiente para poder ser dado de alta de varias instituciones psiquiátricas. Y él menciona dos momentos en que esa disociación se volvió imposible de sostener. El primero, cuando habló por primera vez de las violaciones a una terapeuta desconocida en una asociación de ayuda a niños y niñas abusados, que le instó a que hablara con su mujer. Y una vez que habló, que nombró, no hubo vuelta atrás. Una vez más la voz de la víctima.

El otro momento es el nacimiento de su hijo, y especialmente cuando éste llega a la edad que él tenía cuando comenzaron las violaciones. Es muy común que esto suceda en las historias de abuso sexual infantil oculto, disociado o incluso olvidado. Describe de una manera increíble como para él el amor a su hijo va de la mano con el terror por saberse incapaz de protegerle de cosas como las que él vivió. Cosas que para quien no fue víctima pueden ser una posibilidad teórica, para él son una certeza. Ocurren. A él le pasaron. Y nadie pudo o supo verlo. Del mismo modo le puede pasar a su hijo. El pasaje en el que describe los interrogatorios a los que sometía a las directoras de las escuelas infantiles donde pensaban llevar al niño (“¿contratan ustedes profesores del sexo masculino?, ¿llegan a quedarse solos con los niños?, ¿hay alguna zona del colegio que no cubran las cámaras de seguridad?”…) es tan gráfico como angustiante. Describe la infancia como un territorio lleno de peligro, dolor y terror. Y a eso le añade la culpa por haberlo traído a este mundo. La simple posibilidad del daño a su hijo le resulta insoportable. Y del mismo modo, la certeza del daño que él mismo está haciendo a su hijo con su desequilibrio es una de las motivaciones básicas para no suicidarse, pedir ayuda y seguir con el tratamiento terapéutico. El dolor de su hijo y la música lo salvan.

Pero para mí Instrumental es sobre todo un libro lleno de AMOR A LA VIDA. Lo dice en su contraportada, pero es que es cierto. Solo desde un amor a la vida inmenso se puede no solo sobrevivir sino desarrollarse, salir del alcohol, las drogas, la medicación, los ingresos psiquiátricos y amar, ser padre, ser concertista, ser amigo y escribir este libro. Ese amor a la vida que anidaba en ese niño de cinco años, y que alguien, el profesor Lee (no olvidemos los nombres y los rostros de la tortura) aplastó bajo una losa de dolor, terror y culpa. Llegar a ser un concertista brillante de un modo autodidacta para mí tiene tanto o más valor que lograr volver a amar a otra persona, o salir del alcoholismo después de vivencias como las que narra. El valor del amor a la vida, a la música, a un hijo o a una persona. El amor es la fuerza. Y en la historia de James Rhodes, él supo ver y anclarse a ese amor (una pieza de música, un abrazo de su hijo, una llamada de un amigo…).

Porque ahí enlazo con algo que él menciona al principio y al final del libro sobre todo, como la pieza musical que abre el primer y último capítulo del libro: sus cinco personas. Su madre, su novia, su hijo, su mánager y su mejor amigo. Los psicólogos lo llamamos guías de resiliencia. Esas personas que no se van, que abren la puerta a las cuatro de la mañana, que abrazan el llanto, incluso la autocompasión y la estupidez en casos, que abren su corazón una y otra vez a la persona cuando él es capaz de acercarse, los que están suficientemente cerca para ser los hilos de amor, de sostén, de esperanza. Porque el terror anula la capacidad de sentir, ver y esperar un mañana. Y alguien tiene que prestar ese mañana y creer por los dos. James Rhodes es quien es por su fuerza, y por el amor recibido. Y como bien le dice en un momento del libro al profesor que le violó, “al final gané”.

Nuestra responsabilidad radica en ser amor, esperanza y justicia para tantos y tantos y tantos otros silencios.

Leed Instrumental, James Rhodes lo merece. Y todos los demás niños y niñas víctimas (incluyendo los que anidan dentro de personas ya adultas hoy) también.

Pepa Horno

Feliz 2016

espiralesci_2016Hay un aprendizaje para los niños y niñas en la esperanza.

Y en la capacidad de soñar.

Desde Espirales Consultoría de Infancia queremos daros las gracias por el esfuerzo cotidiano en llevar luz al dolor, esperanza al decaimiento y alegría a los niños y niñas con quienes compartís la vida.

Y gracias por ser, justamente por todo eso, la base de nuestra esperanza.

Os deseamos un tiempo de ternura y gozo y un feliz 2016,

Pepa, Javier, Lucía, Áurea y Sergio

Reflexiones de F. Javier Romeo después del Congreso de Educación Emocional de Navarra

fj-romeo-padres-formados-2015Este pasado fin de semana he tenido el honor y la satisfacción de participar en el I Congreso de Educación Emocional de Navarra, organizado por Padres Formados. Ha sido un congreso especial por varios motivos, y quiero comentarlos y celebrarlos desde esta entrada de blog.

En primer lugar, me ha impresionado la valentía del equipo de Padres Formados. Han sido capaces de organizar todo el congreso (con alrededor de 250 participantes) sin patrocinadores ni financiadores, y con una atención muy buena y mucha calidad técnica, y eso ya tiene mucho mérito. Ha sido un congreso como querían, con conceptos de psicología positiva y cómo cultivar las emociones, con muchas risas e incluso con momentos de música y movimiento. Podéis verlo en el resumen gráfico del evento dentro de su blog.

Y dentro de ese marco han decidido introducir un tema terrible y bastante oscuro: mi ponencia trataba en concreto sobre “Una educación afectiva que protege frente al abuso sexual”, una de las temáticas que trabajo desde Espirales Consultoría de Infancia. Esa valentía les ha llevado también a difundir el tema del abuso sexual en la infancia por varios medios. En cierto momento salió el comentario de si íbamos a salir ponentes y participantes bailando y riéndonos en todas las fotos, y parecía que sí. Entonces tuve que dejar claro: “Sí, pero el abuso sexual no es tema de risa”. Me encantó el proceso de reflexión que continué haciendo: efectivamente, el abuso sexual no es para reírse, pero si queremos transmitir mensajes y estrategias protectoras a los niños y niñas de nuestro entorno será imprescindible que nos riamos (y mucho) con ellos. Precisamente las pautas que sugerí tienen que ver con eso: un niño o niña que conoce una afectividad positiva, protectora y saludable (y ahí van grandes cantidades de risas compartidas) tiene mucha más protección frente a alguien que quiera abusar, sencillamente dirá “Uy, esta no es la afectividad que a mí me gusta, voy a escapar y voy a pedir ayuda”. De modo que sí, una educación afectiva que protege frente al abuso sexual incluye necesariamente buenas dosis de risas, de risas sanas que hacen sentirse bien y en conexión consigo y con los demás. Y así lo compartí en la conferencia.

Hubo al final una mesa redonda con ponentes, donde surgieron varios temas interesantes que estuvimos comentando. Quiero resaltar dos, ya que me comprometí a compartir recursos al respecto.

Surgió el tema de “¿Cómo hacer para escuchar a un niño que se niega a irse del parque?”. Se dieron respuestas creativas y profundas, y yo aporté mi contribución: “Escuchando el ‘sí’ en el ‘no’”. escuchar-el-si-en-el-noRecupero entonces en esta entrada mi  artículo ‘Escuchar el “sí” en el “no”‘, que apareció publicado en el número 52 (de enero de 2011) la revista Nuestro rincón del 0-6, publicada por ACENTO (actualmente ya no sigue sacando números nuevos, aunque sigue disponible). En este artículo desarrollo de manera más amplia lo que expuse en la mesa redona: cuando una persona (y un niño o una niña también es una persona) dice “no”, está diciendo “sí” a muchas cosas, y si escuchamos al mensaje completo (al mensaje que nos aparece después de profundizar en el “no” inicial), podremos generar una conexión más profunda y hallar una solución satisfactoria para todas las partes. Para poder hacerse una idea, dejo aquí el comienzo del artículo:

Ana, de dos años y medio, no quiere ponerse el abrigo para salir a la calle. José, de cuatro años, no quiere bajar del columpio para irse a casa. Irene, de cinco años, no quiere irse a dormir. ¿Por qué no quieren hacer esas cosas que como adultos nos parecen perfectamente razonables?

¿Y qué hacemos a continuación? ¿Cedemos y que hagan lo que quieran? Entonces nos sentimos mal porque no estamos colaborando a su educación, y además nos da la sensación de dejar de lado lo que también queremos nosotros como personas. ¿Les forzamos a que hagan lo que queremos? Entonces tenemos garantizados la discusión y el mal ambiente durante un buen rato, y a largo plazo les estamos enseñando que al final lo importante es tener poder o fuerza, y que el diálogo sólo sirve cuando se es débil. En mi experiencia personal y profesional existe un tercer camino, basado en una comunicación más profunda en cada una de esas situaciones. Y una de las habilidades que desarrollamos en los talleres que facilito es la capacidad de escuchar a qué dicen “sí” nuestros niños y niñas cuando dicen “no”. Ir a la entrada donde continuar leyendo el artículo completo “Escuchar el “sí” en el “no”‘

Había también una pregunta respecto a “¿Cómo introducimos la educación emocional en los centros educativos?”. Ahí me permití señalar que todos los centros educativos enseñan educación emocional, lo que ocurre es que a lo mejor enseñan una educación emocional que no está acorde con nuestros valores (la obediencia y la sumisión como valor principal, lo cognitivo por encima de lo afectivo, el miedo a todo lo que tenga que ver con emociones…). Solo poniendo consciencia en la educación emocional que reciben nuestros niños y niñas (y también la que hemos recibido quienes actualmente somos personas adultas) podremos plantear un cambio. No se trata de crear extraescolares de educación emocional, o de trabajar un poco en tutoría, aunque pueda ser un buen comienzo. Todo lo que se hace en el ámbito educativo enseña, aunque tal vez no sea lo que queramos, así que ampliemos nuestra mirada.

Como último elemento, surgió también el tema de las tareas para casa, los “deberes” que reciben los niños y niñas en los centros educativos. De manera muy resumida, es muy sano que los niños, niñas y adolescentes puedan recibir una educación, que vayan aprendiendo gradualmente a asumir responsabilidades y a realizar tareas… siempre que eso no sea lo único que hagan en su vida. Cité un artículo muy divertido de Claire Wapole, una periodista que decidió escribir una lista de “tareas para el colegio”, con el mismo lenguaje que se utiliza para justificar los “deberes” en casa, pero para explicar las tareas de casa que cada profe de su hijo o de su hija deberá hacer en horario lectivo, ya que el horario “familiar” no es suficiente para consolidar los aprendizajes durante las horas que los niños y niñas están en casa. Se puede leer el artículo original aparecido en The Huffington Post Chicago en inglés, “Thirty Minutes Tops”, y luego hay varias traducciones en castellano, a mí me ha gustado “Treinta minutos como mucho”, en el blog El mito de los deberes.

Habría muchas cosas más que comentar, pero creo que con esto he recogido unas pinceladas sobre el Congreso. Aprovecho también para felicitar y transmitir mi agradecimiento al equipo de Padres Formados, en especial a Leticia Garcés y a Uxua Otazu, y a cada participante que contribuyó con su presencia, su interés y sus reflexiones y preguntas, y podemos continuar la conversación en los comentarios de esta entrada.

Con gratitud y celebración,

F. Javier Romeo

Mis vivencias en el I Congreso Internacional Educo “El bienestar de la infancia y sus derechos”

congreso_educoEn Espirales CI siempre hemos creído en el trabajo como una posibilidad de crecimiento personal y en el sentido que tiene compartir todo lo que hacemos. Por eso hay experiencias que merecen ser nombradas. Y el I Congreso Internacional Educo de hace unos días es una de ellas.

Educo es una organización a la que hemos acompañado y apoyado desde Espirales CI en un proceso de reconstrucción, y en cierto modo “renacimiento”, que han desarrollado en los últimos años. Lo hicimos por la valentía y la perseverancia del equipo humano de la organización que fue capaz de no rendirse ante situaciones muy difíciles de manejar y encontrar en la transparencia y el rigor el camino para lograr su supervivencia. Les brindamos formación y hemos acompañado su proceso de implementación del Enfoque de Derechos del Niño en la organización. Así que estar presente en el congreso de la semana pasada tenía un sentido personal, más allá de lo profesional.

Y quizá en la vida siempre pasa que cuando pones algo de tu alma, algo que va más allá de la formalidad, entonces recibes multiplicado aquello que entregaste. Y eso fue lo que me sucedió. El primer regalo fue formar parte del Comité Académico del congreso junto con profesionales a los que admiro profundamente y poder contribuir a un enfoque certero y bien definido de los contenidos del congreso: el enlace entre bienestar infantil y los Derechos del Niño, tan urgente como coherente. Hubo un panel de ponentes impresionante, y los ejemplos de buenas prácticas que se expusieron fueron diversos y certeros. Y poder escuchar ponencias como la de Francesco Tonucci, que te recuerdan por qué estás donde estás y te dedicas a lo que te dedicas.

El segundo regalo fue dar un taller sobre “Las claves afectivas de la resiliencia”, que se desbordó de gente, hasta el punto de tener que acondicionar una sala al lado para que parte del público pudiera seguirlo en una pantalla. Fue un honor sentir que tanta gente quería escuchar lo que podía aportarles. Son el tipo de cosas que me dan la medida del privilegio de mi trabajo.

Y en ese sentido, la gente que se me acercaba por los pasillos, las personas que me contaban su historia, que me explicaban cómo leen mis libros, o me han oído en cursos, o me siguen en este blog y en el mío personal… son las huellas de lo que hago, son esos momentos en que pongo rostro a una parte de mi trabajo cuya eficacia sólo llegaría a percibir parcialmente si no tuviera esos testimonios, esa gente que se acerca en el café o en el pasillo. Y que me deja muda y conmovida.

Y cuando crees que ya no hay más, entonces llegan unos jóvenes y te hacen una entrevista de esas que te llegan al alma. Dijeron que la colgarían en internet. Cuando lo hagan prometo difundirla también aquí. (la añado hoy, martes, que la han colgado, aqui va)

Y quiero compartir las otras dos entrevistas que me realizaron para el congreso. La primera fue institucional previa al congreso y resultó ser una entrevista clara y directa como pocas he realizado. La segunda, unos días antes del congreso que me recordó mi infancia, y la tercera, los chicos del proyecto de Cibercorresponsales, que no sólo me hicieron darme cuenta de mis “superpoderes” sino que me recordaron el sol que sale después de la lluvia cuando nuestro trabajo funciona. Por no hablar de que me fui con el regalo de sus abrazos.

Gracias a todas las personas que se me acercaron en el congreso, al equipo humano de Educo, a la gente que me aplaudió hasta ruborizarme en el taller, a los chicos y sus abrazos… gracias de corazón. Mi trabajo es un privilegio pero no siempre tengo la suerte de poder disfrutarlo tanto.

Pepa Horno

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