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Campaña de ANAR sobre maltrato infantil

Desarrollar una campaña sobre maltrato infantil supone afrontar varios retos especialmente delicados. No sólo el contenido en sí mismo, que a muchos les asusta, sino la necesidad de afrontar el sufrimiento que conlleva con rigor, con respeto y compasión, sin sacrificar al mismo tiempo la urgencia y gravedad de lo que se demanda.

Pero además el maltrato infantil es un tema sobre el que ya se ha trabajado, sobre el que se han realizado varias campañas con mayor o menor impacto social y mayor o menor inversión de medios económicos, tanto por parte de las instituciones públicas, como por parte de las ONG de derechos de la infancia. Recordemos por ejemplo, la Campaña “No estás solo, no estás sola” contra el abuso sexual infantil impulsada en 2011 por FAPMI y el entonces Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad de la que en su momento nos hicimos eco en este blog o la Campaña del Consejo de Europa “Uno de cada cinco” también sobre abuso sexual infantil.

Pero la Fundación ANAR junto con la agencia de publicidad Grey ha ido un paso más allá. Ha puesto en la calle de nuevo el tema pero con una perspectiva nueva, diferente, lo cual lo hace todavía más valioso. No sólo ha reactivado el debate social, sino que lo ha hecho con una perspectiva que pone de manifiesto dos cosas esenciales cuando hablamos de maltrato infantil.

Primero, ha situado la campaña en la perspectiva de los niños y niñas, les ha hablado directamente a ellos. Si son ellos las víctimas, también es a ellos a quienes debemos dirigirnos, no solo a sus padres, o a sus familias. Además, nos ha recordado a los adultos que la perspectiva de los niños y niñas es diferente de la nuestra. Es cierto que la protección de los niños, niñas y adolescentes es responsabilidad de sus familias y del Estado, pero es igualmente relevante darse cuenta de que hay que convencer a los niños y niñas de que hagan lo único que pueden hacer para protegerse de verdad: revelar su dolor, dar ese primer paso, pedir ayuda.

Los programas de prevención del maltrato infantil y la educación en general deberían contemplar como uno de sus objetivos básicos enseñar a los niños y niñas a pedir ayuda. Debemos eliminar ese mensaje clásico de “Sé fuerte, defiéndete solo, no te quejes, no seas cobarde” o ese otro, aún más directo, de “Si te pegan, devuélvela, defiéndete”. Estos mensajes están dichos casi siempre desde la impotencia que sienten muchas familias ante las agresiones entre iguales, o desde una educación desde la desigualdad de género que impide a los niños varones mostrar debilidad, miedo o impotencia.

Pero estos mensajes ponen a los niños y niñas en una situación de riesgo, porque nunca sabemos ante quién los estamos enviando a defenderse, y la vulnerabilidad de los niños y niñas los convierte en blanco fácil de los hombres y las mujeres e incluso de otros niños, niñas y adolescentes que quieren agredirlos. LA ÚNICA PROTECCIÓN REALMENTE EFICAZ PARA LOS NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES ES ENSEÑARLES A PEDIR AYUDA. No pueden ni deben intentar defenderse solos, deben buscar ayuda y contemplar que los adultos que les cuidan y les quieren son también, o al menos deberían serlo, un recurso de protección para ellos, un refugio de seguridad que no van a abandonarles.

De este modo, la campaña de la Fundación ANAR se dirige a los niños y niñas directamente, les habla a ellos mismos de su propio dolor, lo ven directamente “a su altura” cuando miran la imagen. Les incita a revelar su dolor, a contarlo, a ponerle palabras, del mismo modo que otras campañas sobre violencia ejercida contra otros colectivos, como las mujeres o las personas extranjeras entre otros, lo han hecho en las campañas respectivas.

Pero la campaña tiene un segundo gran acierto. Y es el mensaje “con los ojos de un niño” o “a la altura de un niño”. Decir a los adultos, a las instituciones, a la sociedad, a las familias que si no “bajan” al nivel de los niños, niñas y adolescentes no verán su dolor, su sufrimiento. Si los adultos responsables de la crianza y cuidado de los niños y niñas no son capaces de ponerse a su altura, de empatizar con ellos en los diferentes estadios evolutivos, no podrán percibir si están siendo víctimas de maltrato. Porque los niños y niñas no lo manifiestan como los adultos, tienen su propia manera, en cada edad una, en cada niño o niña una, de manifestarlo.

Necesitamos mirar a través de sus ojos. Si es un bebé, necesitamos sentir si ese bebé tiene sueño, hambre, miedo o enfado. Si es un niño de seis años en un aula que no habla, necesitamos preguntarnos por qué. Y hacerlo no desde la perspectiva del adulto del tipo “Mira, qué niño más educado, qué bien se porta, qué formal es”, sino desde la de un niño. Y un niño o una niña casi siempre quiere jugar, reír, saltar y hablar, por muy incómodo que eso resulte para los adultos que le rodean. Y si no lo hace, debemos plantearnos por qué.

Es nuestra responsabilidad como adultos y como sociedad “bajar” a su altura, sólo así “subiremos” en conocimientos, vivencias, grandeza de alma y de corazón. Es el privilegio de abrir el alma a la altura de los niños y niñas que nos rodean. Y la única forma real de protegerlos. Si seguimos viviendo a nuestra altura, y acoplándoles a ellos a nuestros ritmos y formas, seguirán sucediendo cosas a nuestro lado que no veremos, sencillamente porque se manifiestan de un modo diferente al que estamos acostumbrados a ver, pensar o sentir.

Desde Espirales CI queremos agradecer a la Fundación ANAR no sólo esta campaña, sino el trabajo que llevan años desarrollando. Varios de nosotros trabajamos en su día en el teléfono, y seguimos colaborando con ellos. Para nosotros es un privilegio. Y acciones como esta demuestran que se pueden hacer las cosas de un modo diferente y mejor.

Y no olvidemos un dato. Sólo al día siguiente de lanzar esta campaña, el Teléfono del Menor recibió treinta llamadas de auxilio de niños y niñas en situaciones de maltrato extremo. Treinta en un día. Bajemos a su altura por un momento. Lloremos su dolor y luego pensemos en cuál es nuestro margen para cambiar las cosas. Acabo esta entrada con algunos ejemplos de cosas que pueden hacer:

1. Hablemos con nuestros hijos e hijas sobre la campaña. Pregúntemosles qué les parece y qué sienten.

2. Exijamos en la escuela de sus hijos e hijas que desarrollen un programa de prevención del maltrato infantil específico para todos los niños y niñas. Existen, sólo hay que exigir que formen parte del currículo educativo de nuestros hijos e hijas. Igual que aprender matemáticas o lengua.

3. Si trabajamos con niños, niñas o adolescentes o con sus familias en cualquier ámbito, mostremos la campaña y hablemos sobre ella.

4. Si tienen cualquier grado de responsabilidad política o administrativa que conlleve la posibilidad de actuar contra el maltrato infantil, háganlo. Y háganlo ya.

Pepa

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