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Mi experiencia en Paraguay

Uno de los valores en los que creemos los que constituimos Espirales CI es el de compartir las vivencias. Por eso, recién llegada del viaje a Paraguay quiero compartir con vosotros algunas de mis experiencias. El motivo del viaje era doble: por un lado, participar en el seminario “Buen trato y Disciplina” organizado por Global Infancia y por otro, en el encuentro con los parlamentarios del Frente por la Niñez y Adolescencia del Parlamento de Paraguay sobre el proceso de reforma legal para la prohibición del castigo físico a los niños y niñas.

Asunción es una ciudad en cierto sentido diferente a otras grandes capitales de la región. Una ciudad de 600.000 habitantes, con casas coloniales, con tráfico, pero sin ruido ni caos, donde puedes pasear y entrar en las casas.

Las coordenadas de reparto desigual de la riqueza y de inseguridad son comunes al resto de la región, aunque no los niveles de gravedad de algunas de las problemáticas, que son menores que en otros países. Y además, existe un sistema de protección más desarrollado que en algunos otros países de la zona, tanto en la legislación como en el sistema creado. El problema surge, eso sí, siempre de las mismas dos palabras: aplicación (de leyes, de políticas o de sistemas) y coordinación (de instituciones, agentes sociales, políticas…).

Paraguay tiene una población de seis millones de personas. La media de edad son 17,4 años porque el 48% del país son menores de edad. El 80% se declara católico practicante. La cuestión demográfica es muy importante para comprender la realidad del país. Después de una de sus grandes guerras, llegaron a quedar apenas ochenta mil personas, de las cuales sólo 28000 fueron hombres, por eso el crecimiento demográfico es un dato muy significativo.

Pero lo que más me ha llamado la atención en lo que he podido conocer el país es la identidad doble de sus gentes, entre su parte de origen español y su parte de la cultura guaraní. La cultura guaraní es de trasmisión oral, y curiosamente a pesar de ser oficialmente un país bilingüe, no ves ningún rótulo en la calle en guaraní. Ellos dicen que es una lengua que se trasmite oralmente y que se usa en casa, pero no en público ni para dirigirte a tu jefe, por ejemplo. Y ahora mismo se está planteando la posibilidad de un referéndum para retirar el guaraní de la enseñanza obligatoria en la escuela y sustituirlo por el inglés.

Pero dentro de estas raíces culturales, hay un tema que me llamó mucho la atención, porque enraíza con los temas de protección en los que trabajamos. El principio básico de la cultura guaraní es el mantenimiento del vínculo, así que lo último que se permite en Paraguay es ofender. Los paraguayos son gente muy amable, cordial y preocupada por el bienestar ajeno. Están siempre pendientes de la opinión que los demás tienen de lo que hacen y dicen.

Y un dato que me contaron y me llamó mucho la atención fue que en la lengua guaraní resulta que no existen exactamente las palabras “sí” y “no” como nosotros las entendemos. Sí que tienen los vocablos correspondientes pero no en el mismo sentido. El “sí” es un “hee” más o menos, que significa en realidad un “ya veremos”, puede que sí y puede que no, y la palabra para “no” es una palabra que se considera muy brusca, como para decirla sólo si estás muy enfadado. El problema surge cuando te planteas las implicaciones que esto tiene en la educación de los niños y niñas y en la configuración de la sociedad, y no hablemos de los temas de protección, donde una de las herramientas básicas de protección es enseñar a un niño a saber decir “no” a aquello que le resulta amenazante o desagradable.  Anteponer el vínculo a la autonomía puede conllevar riesgos de cara a la protección de los niños y niñas. Al mismo tiempo, al tener una comunidad tan presente y ligada, la protección a nivel comunitario es una realidad que en nuestros países hemos perdido y que resulta imprescindible para un desarrollo pleno de los niños y niñas.

Profesionalmente el viaje fue un privilegio. No sólo por el buen hacer de Global Infancia, la organización que me invitó, sino porque coincidí con Óscar Misle, uno de los directores de Cecodap en Venezuela, una organización con la que yo he trabajado varias veces. Es una persona con la que la vida hace que nos reencontremos sucesivamente, cada dos o tres años, desde que nos conocimos, una persona que da para mucha y profunda conversación y mucha mucha risa. Hubo de ambas a toneladas.

Óscar y yo eramos los dos ponentes internacionales del seminario “Buen trato y disciplina” con otras personas de Paraguay y tuvimos 600 personas en el auditorio más otras doscientas que se quedaron sin plaza. Fue emocionante y una prueba de lo acertado de Global Infancia al posicionar el tema en estos momentos en el país. Si queréis conocer algo de lo que fue, mirad una de las noticias que salió sobre nosotros: http://www.abc.com.py/nota/es-posible-educar-con-buen-trato-y-limites/

Al día siguiente tuvimos una sesión con parlamentarios del país sobre el tema de la reforma legal sobre castigo, que también fue una gran experiencia. Una reunión donde, con un protocolo mínimo, se compartieron experiencias de diferentes países para promover la reforma legal para la prohibición del castigo físico a los niños y niñas en Paraguay. Sólo tres países en la región: Uruguay, Venezuela y Costa Rica han incluido en sus legislaciones la prohibición explícita del castigo físico a los niños y niñas, pero hay varios en el proceso para lograrlo, como Brasil y Paraguay.

Uno de los proyectos más interesantes que he conocido también estos días y del que quiero hacerme eco se llama Sonidos de la tierra. Un proyecto que busca dar oportunidades de crecimiento y desarrollo a los chicos creando orquestas en las diferentes zonas y luego los propios chicos se convierten en profesores de otros. La particularidad es que los instrumentos son los que existen en cada zona y se construyen con los materiales de cada comunidad. Escuché tocar en el seminario una orquesta llamada “Los reciclados” que venían de la zona del basurero de Asunción y sus instrumentos estaban construidos íntegramente con piezas de basura. Entrad en la web y veréis videos de diferentes orquestas. Son increíbles, igual que toda la filosofía del proyecto.

En fin, de nuevo el privilegio de poder trabajar el tema de protección a la infancia en diferentes culturas y realidades. Agradezco desde aquí a Global Infancia en Paraguay la oportunidad que me dieron y les felicito de corazón por su trabajo. Experiencias como éstas te recuerdan el sentido de lo que haces y el amor que hay en todos los rincones del mundo, sólo para que seamos capaces de verlo y vivirlo.

Pepa

 

Comentarios

Comentario de luisclaudio
20 septiembre, 2011

Gracias Pepa por compartir de corazón, para mí también fue una experiencia increíble conocerte y compartir el trabajo contigo…

Comentario de Marta
21 septiembre, 2011

Querida Pepa, gracias me encantó tus apreciaciones sobre Paraguay, cómo no se te escapa nada…
Me resuenan tus palabras y las emociones que estaban detrás en
tu conferencia, como mamá y como defensora de los DDNN

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