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Premio Buen Trato a la Infancia Dr. Pedro Gómez Bosque de la Asociación REA para Pepa Horno

Hoy escribo para dar las gracias a la Asociación REA por el honor de concederme el Premio Buen Trato a la Infancia Dr. Pedro Gómez Bosque 2021.

Siempre me he sentido una privilegiada en mi trabajo porque en él ocurren dos cosas que no suelen pasar fácilmente en otros ámbitos profesionales. Por un lado, recibes los “ecos” de tu trabajo. Muchas personas me escriben, me paran por la calle o se me acercan al acabar un curso o una conferencia para contarme lo que mi trabajo, mis cursos o mis libros han significado en sus vidas. Cuando lo hacen me quedo callada y emocionada, les abrazo porque no encuentro otra forma de explicarles lo importantes que resultan para mí esos pequeños gestos. Hacen que el privilegio sea doble, no solo tu trabajo tiene sentido sino que puedes comprobarlo de primera mano. Y el sentido es el mejor posible: el bienestar, la consciencia y la paz de alma de las personas con las que trabajo directamente y de los niños, niñas y adolescentes que, de un modo u otro, están bajo su cargo.

Y la segunda cosa maravillosa que pasa en mi trabajo es que puedes ver lo mejor del ser humano. A lo largo de los años trabajando con personas que sufren y con equipos que tienen en sus manos el alma de niños, niñas y adolescentes que sufren, he conocido personas extraordinarias. Mucha gente me pregunta cómo puedo trabajar en este ámbito en el que, sin duda, se ve la cara más horrible de lo que el ser humano es capaz de hacer. Y la razón es que también se ve la más hermosa. La veo en los rostros de los niños y niñas, de las personas en general cuando alivias su sufrimiento de alguna forma, cuando ves su valor, su coraje y su hermosura más allá del daño que han vivido. Pero la veo también en esa red inmensa de personas que he encontrado en todos los países luchando por cambiar las cosas. Personas que se conmueven hasta el llanto por el dolor de los niños, niñas y adolescentes a los que atienden y son capaces de entender ese llanto como una muestra de fortaleza emocional y rigor profesional. Personas que construyen redes, redes que cambian la vida de las personas y las comunidades. Ellos son mi razón para la esperanza. Una razón nada utópica, porque está tejida de retazos de realidad.

La junta directiva de la asociación REA son parte de esa red. Son de esas personas que no se rinden. Personas que pudiendo dedicarse a otra cosa, eligen emplear su tiempo, su conocimiento, su alma y sus recursos para promover el buen trato a la infancia y adolescencia. Personas que me hacen sentir acompañada en este camino que a veces puede ser tan inhóspito. De las que me recuerdan que tiene sentido y me hacen mejor profesional y mejor persona.

Pero en un premio hay algo más. Y es que el reconocimiento te llega públicamente. No es solo ese mail personal, o esa llamada, o esa persona que te para en la calle. Es que te eligen para darte un reconocimiento público a tu trabajo. Y esa elección pública me parece un regalo inmenso y un honor del que espero hacerme merecedora.

Por eso, aunque ya se lo he dicho en privado, vaya desde aquí públicamente mi agradecimiento.

Un abrazo conmovido,

Pepa Horno

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