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Etiqueta: maltrato

Presentación en Madrid y online del libro “Poniendo alma al dolor: intervención terapéutica con niños, niñas y adolescentes víctimas de abuso sexual infantil” el jueves 30 de septiembre de 2021

Invitación a la presentación del libro "Poniendo alma al dolor" en el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid

Presentación presencial en Madrid y online del libro Poniendo alma al dolor: intervención terapéutica con niños, niñas y adolescentes víctimas de abuso sexual, con intervenciones de José Antonio Luengo, Decano de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, y de las autoras del libro: Pepa Horno (coordinadora), Elena González, Carmen Ruiz y Carolina Moñino. El acto será moderado por Nuria Mateos, Secretaria de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid.

Fecha: jueves, 30 de septiembre de 2021 a las 19:00 (hora de Madrid).

Lugar: Colegio Oficial de la Psicología de Madrid
Cuesta de San Vicente 4, planta 5
28008 Madrid

La presentación será en formato presencial y online. El aforo tanto presencial como online es limitado y requiere inscripción previa en este enlace.

[Entrada original del 20 de septiembre de 2021, actualizada a 30 de septiembre de 2021, fecha de realización del evento].

Disponible el vídeo completo del evento en la cuenta de YouTube del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid.

“Perdir perdón por no saber mirar y no querer ver” artículo de Pepa Horno para el programa BBK Family

Imagen del artículo en el blog de BBK FamilyEl artículo que me plantearon desde BBK Family era todo un reto. Hablar del perdón que como familias podemos pedirles a las víctimas de abuso sexual infantil, a los niños, niñas y adolescentes que lo están viviendo y no sabemos detectar aún, y al niño o niña interior que vive dentro de tantos hombres y mujeres a los que la sociedad no supo ver, a los que llamó enfermos, locos y mentirosos; enfermas, locas y mentirosas.

He tratado de hablar sobre esa sensación de temblor, de vacío, de fragilidad que nos invade cuando empezamos a ser conscientes de algo que hemos negado, minimizado o incluso ridiculizado. Y eso nos está ocurriendo como sociedad con la violencia contra la infancia y especialmente con el abuso sexual infantil.

Desde Espirales CI hemos hablado mucho de este tema, de cómo el cambio social es una realidad, de que la impunidad de los agresores y agresoras está empezando a disminuir y de cómo ese es el camino realmente eficaz para acabar con cualquier forma de violencia. No son las estrategias que ponemos en marcha con las víctimas ni con quienes agreden, sino la generación de un entorno seguro y protector creado por las personas que lo presencian o lo intuyen y deciden actuar. Es el silencio el que hace posible el trauma, como dice Begoña Aznárez, y acabar con ese silencio es condición imprescindible para erradicar la violencia.

Pero para romper ese silencio, la sociedad, las familias hemos de hacer un proceso de consciencia que duele. Ese proceso por el que docentes, cuando los formas, ponen nombres y apellidos, y sobre todo ponen cara a lo que les explicas. “Pero yo tuve un niño así el año pasado en clase“, “Eso lo hacía aquella niña…”. Ese proceso que hacen los vecinos y las vecinas cuando se descubre que un niño o niña ha sido abusado, o aparece asesinado, los que le vieron jugar en el parque, los que sus hijos compartían clase con él o con ella. Y pensamos en esa mirada triste, en aquellas ojeras, en aquella niña que vivía en un centro de protección y los educadores veían cómo siempre temblaba cuando se cerraba una puerta. La misma niña que les insultaba y decía “pasar de ellos”. Y en tantos otros rostros que empezamos a ver al aprender a mirar.

Pedir perdón supone honrar y nombrar el dolor de quien ha sufrido. Darle un nombre lo hace real. Por eso es necesario y legítimo. Y conlleva un compromiso. Una opción que no siempre llega, pero que como sociedad necesitamos para romper el silencio.

Hace años publiqué un artículo aquí en el que hablaba de dos fases del perdón: la integración afectiva de la experiencia vivida, su aceptación, y una segunda, la reconstrucción del vínculo. La primera es parte del proceso de duelo y recuperación. La segunda es una opción personal que nunca puede ser forzada ni puesta como condición en un proceso de sanación. Las víctimas de abuso sexual infantil tienen derecho a perdonar y a no perdonar y ambas pueden ser decisiones protectoras. Pero nunca deberán plantearse el perdón si no viven en una sociedad digna de confianza. Y, por el momento, solo estamos en el camino hacia serlo.

La consciencia nos lleva a saber mirar. Y ver duele. Pedir perdón es el primer paso para ser dignos de confianza.

Pepa Horno

Presentación en Palma del libro “Poniendo alma al dolor: intervención terapéutica con niños, niñas y adolescentes víctimas de abuso sexual” el jueves 3 de junio de 2021

Cartel de invitación a la presentación del libro "Poniendo alma al dolor"Presentación presencial del libro Poniendo alma al dolor: intervención terapéutica con niños, niñas y adolescentes víctimas de abuso sexual, con intervenciones de Serafín Carballo, director de la Oficina de la Infancia y Adolescencia de las Illes Ballears, y de las autoras del libro: Pepa Horno (coordinadora), Elena González, Carmen Ruiz y Carolina Moñino.

Fecha: jueves 3 de junio de 2021 a las 19:30.

Lugar: Pati de la Misericòrdia- Palma
Plaça de l’Hospital 4
07012 Palma
Mallorca (Illes Balears)

Aforo limitado

Organiza: Librería Lluna

[Entrada original del 17 de mayo de 2021, actualizada a 3 de junio de 2021, fecha de celebración del evento].

“El trauma psíquico es de todos”, nuevo libro de Begoña Aznarez con el prólogo de Pepa Horno

Portada del libro "El trauma psíquico es de todos" de Begoña AznárezUno de los pilares de la filosofía de Espirales CI desde su creación fue la construcción de redes. Enlazar a las personas, a los equipos profesionales entre sí. La red es condición de seguridad, legitimidad y rigor técnico tanto como de cuidado humano.

Desde esa construcción de redes hemos conocido a personas extraordinarias y a profesionales que hemos admirado. Y la vida en algunos casos me ha ofrecido el privilegio de poder llegar a generar un vínculo afectivo profundo con algunos de ellos. Y entonces no solo les admiras profesionalmente, sino que les quieres. Begoña Aznárez es uno de esos ejemplos.

Begoña es una terapeuta que está creando escuela. No solo para las personas que atiende, sino a través de todos los profesionales a los que está formando y acompañando desde la Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicología (SEMPyP). Tiene una característica poco habitual en nuestro gremio que es la capacidad de hacer simple lo complejo, de explicar de forma sencilla los grandes conceptos técnicos de la psicología. De esta forma, logra hacerlos cercanos y comprensibles no solo para los profesionales, sino para las familias y para los niños, niñas y adolescentes con los que trabajamos. Su congruencia humana y su capacidad de estructurar el proceso terapéutico son algo único. El libro El trauma psíquico es de todos es un ejemplo perfecto de esta capacidad. En él desarrolla un modelo técnico de abordaje del trauma en infancia y adolescencia dándole forma en una serie de lecciones. Pero va más allá, visibilizando el trauma de los niños, niñas y adolescentes como una responsabilidad comunitaria. De ahí su título.

El concepto de “trauma” es esencial para cualquier profesional que quiera trabajar con rigor y actualización técnica en el ámbito de protección. El conocimiento y avances que ha supuesto la psicología del trauma en la intervención exige a los profesionales que quieran desarrollar su trabajo con eficiencia formarse sobre trauma. Desde Espirales CI estamos promoviendo dicha formación  y toda una serie de materiales sobre esta temática, empezando por el manual Acompañando las heridas del alma. Trauma en la infancia y adolescencia que ha desarrollado F. Javier Romeo. Por eso recibir un libro como el que publica esta semana Begoña es un regalo.

Pero es que el regalo fue doble. Porque Begoña me pidió que escribiera el prólogo de este libro. Un honor para mí como profesional, pero sobre todo como persona. Así que acabo esta entrada transcribiendo literalmente el prólogo que escribí, en la confianza de que os anime a leer un libro que da luz mucho más allá de lo profesional.

El prologo dice así:

“Quienes trabajamos con personas sabemos que la eficacia de lo que hacemos no depende tanto de qué hacemos como del modo en que lo hacemos. Es en gran medida la forma en que desarrollamos nuestro trabajo el que marca su eficacia. No es mejor profesional quien más sabe sino quien es capaz de encontrar un modo sencillo y claro de explicar los procesos y abordarlos de forma eficaz. Tanto más cuando se trata del alma humana y su dolor.

Somos muchos los que llevamos años esperando este libro. Anhelando que Begoña encontrara el tiempo y la paz suficiente para escribirlo. Porque ella aúna ese “qué” con un “cómo” luminoso. Pero sus pacientes siempre iban antes, cada alma y su historia, cada trauma y su huella, cada niño o niña y su magia.

Begoña es una de las mejores profesionales que he conocido. José Luis [Marín] diría, en ese estilo polarizado que a Begoña le gusta tanto, que es la mejor. Y ha sido maestra y guía de más profesionales de los que ella puede imaginar. Por eso escribir este prólogo es en sí mismo un honor y un regalo. Ella sabe que he dedicado mi vida profesional a dar voz a las personas cuya historia de trauma hizo enmudecer, a romper ese silencio del que habla desde el comienzo. Y ha sido en parte gracias a ella.

Pero Begoña es algo más: es maga y vuela. Por eso cuando empiezas a leer las páginas de este libro te llega una sensación de incredulidad. Parece imposible describir de una forma tan sencilla lo complejo y nombrar el sufrimiento de una forma tan luminosa y valiente. Cuando avanzas en su lectura te vas dando cuenta de que sus páginas te van dejando sin excusas: como terapeuta para incorporar su propuesta técnica a tu trabajo y como persona para mirar o revisitar tu propia narración.

Es todo un reto el que Begoña se propone: hablar sobre el trauma tanto a las personas ajenas al ámbito psicoterapéutico pero que conocen el trauma (consciente o inconscientemente) y se reconocerán en muchos pasajes del libro como a profesionales de la psicología y la medicina. Ella lo dice claro: “lo que sana es el vínculo”. Y a lo largo de las páginas ella nos guía con sensibilidad, sincronía y presencia.

Este libro genera memoria explícita semántica en más de un nivel. Y mentaliza las intuiciones y sensaciones de “tripas” que muchos hemos tenido a lo largo de nuestra trayectoria profesional. Rompe el silencio. Y para quienes hemos tenido el privilegio de escuchar a Begoña en formaciones o conferencias es toda una reexperimentación, casi como estar escuchándola. Estas páginas desarrollan un abordaje terapéutico para intervenir con personas con historias de trauma. Existe poca literatura que describa los modelos técnicos de intervención de forma que puedan ser generalizados. Necesitamos lograr que los profesionales de la psicología y de la medicina sean capaces de leer la historia de trauma que hay detrás de la sintomatología emocional, conductual y somática. Esa mirada consciente que permite ver el horror, el miedo y el valor de la supervivencia.

Porque déjenme que acabe este prólogo eligiendo mi lección. Elijo la 48. El vacío, el horror, el valor, la sanación. Pocas veces he leído un resumen que honre mejor a todas las personas que han encontrado su forma única, propia y valiente de sanar su historia de trauma. Y la luz que nos llega cuando en la lección 52 nos habla de ese “vínculo sano y sabio con nosotros mismos”… ese que vemos aparecer en el alma, los ojos, las acciones y la sonrisa de las personas en el contexto terapéutico. Ese que da sentido a lo que hacemos. Ese que, con suerte, logramos con nuestro niño o niña interior”.

Poco más puedo añadir. Salvo, una vez más: gracias, Begoña.

Pepa Horno

La aprobación de la LOPIVI: celebración y memoria

Portada de la página web del Congreso de los Diputados que recoge el Proyecto de LeyEsta semana ha sido un momento de celebración para todas las personas de bien, para quienes consideramos a los niños, niñas y adolescentes ciudadanos de pleno derecho y un poquito más si cabe para todas las personas que trabajamos, de un modo u otro, en el ámbito de protección: la aprobación del Proyecto de Ley Orgánica de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia (LOPIVI) por el Congreso de los Diputados en España. [Actualización: ya se ha publicado la Ley y entra en vigor en unos días, con el nombre final de Ley Orgánica 8/2021, de 4 de junio, de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia].

A lo largo de estos casi veinticinco años que llevo trabajando para la prevención y erradicación de la violencia contra los niños, niñas y adolescentes he vivido muchas cosas que, como he comentado en redes sociales, estos días se me agolpaban en el corazón. Y todas tenían que ver con el camino recorrido, con la cantidad de cosas que hoy damos por obvias, por lógicas, por sabidas y que, como en cualquier otro movimiento de cambio social, son, sin embargo, el resultado de un trabajo muy largo en el tiempo. Un trabajo que, cuando empezó, parecía simplemente como predicar en el desierto, una locura, un imposible.

Cuando yo empecé a trabajar en este tema, ya había gente luchando por visibilizar la violencia contra los niños, niñas y adolescentes. Ya existía un sistema de protección en España jurídicamente constituido que empezaba a evaluar su funcionamiento. La Plataforma de Organizaciones de Infancia ya estaba constituida. Ya existían organizaciones y entidades que llevaban mucho tiempo trabajando en este tema. Y, sobre todo, existían muchos profesionales atendiendo ya a los protagonistas últimos de esta ley: los niños, niñas y adolescentes víctimas de violencia.

Pero todo lo que existía era percibido como personas, organizaciones y entidades que atendían a un colectivo vulnerable, escaso, desafortunado, víctima de algunas personas locas, enfermas, extrañas y, sobre todo, muy lejanas a la vida cotidiana de la gente. “Esto en mi casa no pasa, esto en mi barrio no ocurre, eso le pasa a los pobres, lo hacen personas locas o enfermas”. “Pobrecitos”, decían en el mejor de los casos. “Es imposible, os lo inventáis”, en el peor de los casos. Como ocurría con otras víctimas de violencia.

Quiero contar cuatro ejemplos que para mí explican muy bien de dónde venimos, y todo el trabajo que ha sido necesario hacer para lograr el cambio social que legitimara e hiciera posible este cambio legislativo. Porque es así, una ley nunca sale adelante si la sociedad no está preparada. Y si se fuerza, y se aprueba antes de ese cambio social, la norma legal es atacada y cuestionada hasta su derogación o ignorada y no implementada. Sobre todo en el caso de las leyes que abordan las relaciones humanas, no las administrativas ni las institucionales, sino las relaciones humanas en cualquiera de sus vertientes. Esas leyes han de ser incorporadas por la sociedad para ser implementadas. El mejor ejemplo que se me ocurre ahora mismo es la ley antitabaco, que requirió una inversión brutal en sensibilización social para lograr ser implementada. Cuando se aprobó fuimos muchas personas las que pensamos que sería imposible, y ahora volamos en un avión, vamos en el tren, nos sentamos a comer o vamos a bailar sin llenarnos de humo. Y nos parece lo normal. Nos parece obvio.

El primer ejemplo que me vino el jueves a la memoria fue el día que publicamos el primer informe que se sacaba en España sobre castigo físico a los niños y niñas en el hogar, el documento Amor, poder y violencia. Un análisis comparativo de los patrones de castigo físico y humillante. Año 2005. Ese día volvía a casa en el metro después de la rueda de prensa y de todas las entrevistas. Aquella fue la primera de todas las ruedas de prensa que habíamos convocado hasta entonces desde Save the Children por temas de violencia en las que la presencia de medios fue masiva. Hasta entonces venían dos o tres periodistas. El tema no era noticia.

Aquel día volvía en el metro a casa. Debían de ser las nueve de la noche y el tema ya había salido en el telediario de mediodía y de la noche. En el vagón donde viajaba se entabló una discusión muy fuerte entre un grupo grande de gente. Pero en realidad no fue una discusión. Todos estaban de acuerdo, y estaban de acuerdo en que estábamos locos quienes presentamos el estudio, en que, por supuesto, había que pegar a los niños y niñas cuando era necesario, que “Si no, no obedecían” y que había que “meterlos en vereda”. Que las ONG y los psicólogos pretendíamos decirles lo que tenían que hacer con sus hijos e hijas, que “eran suyos” y que además las cifras que dábamos, seguro que “nos las inventábamos”.

Portada del material de la campaña "Educa, no pegues"Hablo del año 2005 cuando ya llevábamos trabajando el tema desde la campaña “Educa, no pegues” a nivel estatal desde el año 1999. Fueron años de campaña, dando formaciones a familias y profesionales en pueblos pequeños y ciudades de todo el país, con un equipo de treinta personas trabajando directamente en el tema, y muchas otras instituciones y organizaciones apoyando el proceso y colaborando.

Formamos a miles de personas. Recuerdo que cuando preparaba a ese grupo de personas que iban a tener que dar los cursos, las conferencias, las entrevistas, siempre les decía: “Tened presente que solo con que sientan la necesidad de discutir lo que decís, de contraargumentaros, ya es suficiente, porque significará que habréis sembrado la duda sobre algo que está tan arraigado socialmente que la gente ni siquiera se plantea cuestionarse. Dan por hecho que tienen derecho a pegar a sus hijos para educarlos. Siempre se ha hecho así. Solo sembrar la duda es un avance”. Así ocurrió. Nos discutieron, incluso en algún caso nos insultaron, se rieron de muchos de nosotros, pero seguimos. Y la duda caló.

Folleto de la campaña "Corregir no es pegar"Hizo falta una segunda campaña de sensibilización contra el castigo físico a los niños y niñas en la familia: “Corregir no es pegar”. Y por cierto una de las medidas que se planteaba en aquella campaña, para mí no la más relevante pero sí necesaria, era la modificación de un artículo del Código Civil. No una ley. Un artículo. Costó ocho años de trabajo lograrla. Llegó en el 2007. Y aún hoy, hay gente que no duda de su derecho a pegar y gritar a sus hijos e hijas si lo considera necesario. Pero ya no es obvio, ya no es mayoritario, ya no parece tan claro. Estamos en el camino.

 

Segundo ejemplo, la elaboración del modelo de protocolo de actuación en los casos de maltrato infantil impulsado por el Observatorio de Infancia del Ministerio de Asuntos Sociales. Año 2008 (luego se publicaron sucesivas modificaciones y mejoras del mismo hasta el año 2014, que es la actual). Se elaboró en un grupo de trabajo que se reunió durante un año y en el que por primera vez representantes del ámbito judicial se sentaban a una mesa con el ámbito social, el ámbito educativo, el ámbito policial y el ámbito sanitario. Representantes de las Comunidades Autónomas y de todos los ámbitos que pretendíamos elaborar un modelo de protocolo que pudiera servir a las Comunidades Autónomas para impulsar sus propios protocolos en los diferentes territorios, como así ocurrió. Aquellas reuniones las he vivido de nuevo a nivel autonómico en varias comunidades autónomas. Pero recuerdo perfectamente la dificultad para ser aceptada como interlocutora válida sin ser profesional del ámbito jurídico. Y recuerdo, entre otras muchas cosas, la discusión para lograr que se incluyera la propuesta en el protocolo de que las indemnizaciones en las sentencias condenatorias por casos de maltrato infantil no se calcularan utilizando el baremos que se usaban hasta entonces, los de los  accidentes de coche, sino que pudieran cubrir el coste del tratamiento terapéutico que iba a necesitar (o que ya había necesitado en función de los años transcurridos antes de la sentencia definitiva) ese niño o niña para recuperarse del trauma que le habían infligido. Porque déjenme recordar que ni entonces ni ahora está garantizado el tratamiento público y gratuito a todos los niños y niñas víctimas de alguna forma de maltrato. En algunas comunidades autónomas sí, en otras solo a aquellos niños, niñas y adolescentes víctimas de maltrato en ámbito intrafamiliar que les lleva a una situación de desprotección, en otras ni eso. Recuerdo hacer sobre aquella mesa el cálculo genérico del número de sesiones mínimas multiplicado por el coste establecido oficialmente por los Colegios Oficiales de Psicólogos por sesión. Una cifra que era mucho mayor del baremo establecido. Y solo para pagar el tratamiento. La medida se incluyó, y muchos fiscales en sus propuestas y muchos jueces en sus sentencias la incorporaron. Otros muchos siguen usando el baremo de los accidentes de coche, porque es el que se ha usado siempre. Estamos en el camino.

Tercer ejemplo, cuando en el año 2006 publicamos desde Save the Children también la primera investigación que se realizó sobre Atención a niños y niñas víctimas de violencia de género. La primera. La primera vez que se les llamaba víctimas directas. No “testigos”, ni “víctimas secundarias”, sino víctimas directas. Una investigación que llevó dos años de trabajo por parte de un equipo de gente increíble que tuve el honor de coordinar. Una de esas investigaciones que marcó un antes y un después y una línea de trabajo que en la organización se ha seguido hasta lograr la modificación legislativa de la Ley Orgánica 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género en la que se reconoció a los niños, niñas y adolescentes hijos e hijas de las mujeres víctimas de violencia de género como víctimas de esa violencia igual que sus madres. Fue en el año 2015. Hicieron falta 9 años.

En aquella investigación surgieron temas muy graves, pero sobre todo, cuando se publicó, tuvimos que escuchar cosas como que los niños, niñas y adolescentes “Solo eran testigos”, que “A ellos no les daban las palizas”, que “Podían no enterarse” de lo que su padre o padrastro le hacía a su madre, o que si los reconocíamos como víctimas “Las mujeres perderían los recursos que tenían para atenderlas porque se los darían a los niños y niñas”. Recuerdo que una de las medidas que se solicitaba en aquella investigación era simplemente que se introdujera en los formularios de las órdenes de protección una casilla con el dato del número de hijos e hijas que tenían las mujeres. Se registraba su edad, su país de procedencia… muchos datos sobre las mujeres. Pero nada sobre sus hijos e hijas. Lo logramos. Con un matiz: que durante años, ese dato no se introdujo en las estadísticas que se publicaban sobre el tema. Aquella primera investigación fue el comienzo de un proceso muy duro para lograr algo que sigue siendo en muchos lugares una cuenta pendiente y es la necesidad de que las intervenciones en Igualdad y en Infancia trabajen de la mano. Estamos en el camino.

La realización de investigaciones, no solo desde la perspectiva académica sino desde la visión de los profesionales en terreno, ha sido una pieza clave de este proceso de visibilización de la violencia contra los niños, niñas y adolescentes y de las carencias que existen en el sistema a la hora de atender el dolor de las víctimas. Ha habido dos investigaciones posteriores que he tenido el privilegio de coordinar ya desde Espirales CI junto con F. Javier Romeo, sobre diversos aspectos del sistema de protección que han desempeñado un papel clave en la legitimidad del proceso de cambio legislativo. Por un lado, la realizada para UNICEF España sobre la atención a los niños, niñas y adolescentes en acogimiento residencial y familiar en España llamada Un lugar donde quedarse, en la que surgieron claramente varias de las problemáticas expuestas en la justificación del proyecto de ley.

Por otro, la realizada para Aldeas Infantiles SOS España con el título Llegar a tiempo. Niños, niñas y adolescentes en situación de riesgo en España. Ambas investigaciones han sido otros pasos en este camino. El camino de dar visibilidad a las distintas problemáticas a las que la LOPIVI pretende dar respuesta desde el análisis de la práctica cotidiana desde un enfoque de derechos del niño.

 

Y un último ejemplo, para mí quizá el más doloroso. A lo largo de estos años España, como el resto de los países que lo han ratificado, está obligada a presentar un informe al Comité de Derechos del Niño sobre la implementación de la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño (CDN). Como cada país, España presenta su informe a nivel gubernamental, y las ONG, asociaciones y entidades pueden presentar sus informes alternativos. En España lo realiza la Plataforma de Organizaciones de Infancia de forma conjunta. Un trabajo mucho más complicado de lo que la gente pueda imaginar, pero absolutamente imprescindible en el que pude participar en dos ocasiones. En esos informes que presenta el gobierno se recogen las estadísticas publicadas por el INE (Instituto Nacional de Estadística) sobre muertes en España, en este caso de niños, niñas y adolescentes en nuestro país. El problema es que los datos vienen recogidos por causas de muerte y, como tales, disgregados: hay que sumar varios apartados para saber cuántos niños, niñas y adolescentes han muerto por causas violentas en nuestro país. Pero no solo hay que sumar las casillas correspondientes a las muertes violentas. Porque entre sus causas están los asesinatos, homicidios de niños y niñas, los suicidios y una categoría que da mucho miedo que son las muertes por agresiones accidentales, que se categorizan así porque muchas veces no se sabe quién produjo esa agresión o si lo hizo intencionalmente (hablamos de muertes por quemaduras, apuñalamientos, disparos o envenenamientos). Cada año esa cifra me duele, así que en el año 2014 publiqué una entrada de blog que llamé “Contabilizar nuestros muertos, también cuando son niños y niñas”. Lo publiqué en el blog de mi querido Xosé Cuns “No me pidan calma”, recogiendo los datos del 2011 que figuraban en el último informe presentado por el gobierno al Comité. Pensé que ese artículo generaría polémica, pero no fue así. Y debería haberla generado. Porque las cifras dan miedo. El registro completo de muertes violentas de niños, niñas y adolescentes en nuestro país sigue siendo una cuenta pendiente a la que la LOPIVI pretende dar respuesta creando al fin ese registro. Estamos en el camino. Porque déjenme que recuerde algo que dije en ese artículo: difícilmente se pueden crear medidas eficaces y ajustadas si no conocemos la magnitud de la problemática.

Todo esto y mucho más forma parte de un proceso de cambio social que ha sucedido en nuestro país en los últimos veinte años. Ahora muchas cosas parecen obvias, como si hubieran existido siempre. Pero no es así. Cuando esta semana se hablaba de la aprobación de la LOPIVI había quienes sugerían llamarla “Ley Rhodes”, porque el papel de James Rhodes ha sido clave para acelerar un proceso que, aunque estaba pasando, sucedía a ritmo exasperantemente lento. Su libro Instrumental supuso algo difícil de expresar para mucha gente. Él prestó su nombre, pero sobre todo su dolor para dar voz a muchas víctimas. Nunca podré agradecérselo suficiente. Esta ley es también suya, aunque no solo suya. Tengamos presente que antes que él hubo muchas víctimas que pidieron hablar con el presidente del gobierno y nunca fueron atendidas. No un presidente del gobierno, varios, de varios partidos y signos políticos. ¿Por qué? Porque la sociedad española no estaba preparada y el coste político para cualquier político de cualquier signo político de posicionarse en este tema era demasiado alto. El gobierno actual ha tenido mucho valor al promover el proceso de aprobación de la LOPIVI y se ha logrado con alto consenso político, porque la sociedad no lo cuestionaba (salvo algunas medidas específicas en la ley que sí causaron debate), porque parece obvio, parece de justicia. Pero lo parece ahora.

El mismo proceso de formulación del proyecto de ley esconde detrás un proceso muy largo. Déjenme dar solo algunas fechas. Primera ponencia sobre violencia contra la infancia en el Congreso de los Diputados, año 2005. Creación de la subcomisión sobre violencia contra la infancia, año 2014. En esta entrada de blog escribimos sobre esa subcomisión. Presentación de firmas para la no prescripción de los delitos de abuso sexual infantil, mayo de 2016. Creación grupo de trabajo de organizaciones y entidades impulsado por Save the Children y la Cátedra Santander de la Universidad Pontificia de Comillas para elaborar un borrador conjunto de ley que pudiera ser llevado al Senado y Congreso, año 2018. Envío del borrador de proyecto de ley, diciembre 2020. Aprobación del Proyecto de Ley (a falta de su paso por el Senado y, si hay modificaciones relevantes, de nuevo por el Congreso), abril 2021.

Esta semana se hablaba también de procesos de tres años, de cinco años para algunas de las medidas que esta ley ha recogido y que supusieron un antes y un después en este proceso, porque son procesos impulsados por adultos que fueron víctimas de alguna forma de maltrato en su infancia. Personas adultas que dieron un paso adelante y pusieron rostro y voz al horror silenciado. Solo las personas adultas que fueron víctimas en la infancia y adolescencia podían hacer eso, porque las organizaciones de infancia, por mucho que trabajaran para visibilizar ese dolor no podían sacar a los niños, niñas y adolescentes a contar lo que les estaba pasando. Ellos no podían hablar solos, necesitaban a los adultos que ya podían hacerlo. Personas como Vicky Bernadet, como Miguel Hurtado, como Gloria Viseras, como Manuel Barbero. Ellos y ellas dieron nombre y apellidos. Pero antes estuvieron también las asociaciones de víctimas que llevaban años constituidas, como ACASI, la Asociación Garaitza, El Mundo de los ASI, la Fundación RANA y otras muchas demandando ser atendidas y realizando una labor de sensibilización social imprescindible. Su voz y su trabajo dio legitimidad a lo que organizaciones como Save the Children, la Fundación ANAR, UNICEF España, Aldeas Infantiles SOS España o Educo contaban en sus datos. Todos ellos hicieron que los datos tomaran vida y alma. Sin ellos, todos ellos, personas concretas, asociaciones de víctimas, esta ley nunca hubiera sido aprobada.

Se hablaba de entidades y organizaciones. Las he mencionado. Con el rol impagable de la Plataforma de Organizaciones de Infancia (POI) y de la Federación de Asociaciones de Prevención del Maltrato Infantil (FAPMI).

Y se recordaba a juristas y académicos que apoyaron en su proceso a las organizaciones. Imposible no mencionar aquí a Clara Martínez o a Félix López, Jesús Palacios, Jorge Fernández del Valle, Enrique Echeburúa, María Ignacia Arruabarrena o Noemí Pereda. Profesionales que dieron legitimidad con sus investigaciones o con su conocimiento a procesos emprendidos por las entidades. Los profesionales del ámbito de infancia tenemos algo en común: somos perseverantes, por no decir directamente que somos cabezotas. Sin todas esas entidades y los profesionales que las apoyaron esta ley nunca hubiera sido aprobada.

Pero a mí me han faltado esta semana tres menciones con las que quiero acabar este artículo de celebración y agradecimiento.

La primera es al proceso internacional. Se hablaba de que España es pionera. Pero esta ley nunca se hubiera aprobado sin la realización del Informe Mundial sobre la violencia contra los niños y las niñas (conocido también con el nombre de “Informe Pinheiro” por haber sido Paulo Sérgio Pinheiro su coordinador). Fue el primer estudio que se hizo a nivel mundial sobre violencia contra la infancia, y obligó a Naciones Unidas a reconocer la dimensión brutal de esta problemática en todos los países y regiones del mundo. Volviendo a lo que comentaba al principio, yo he trabajado el tema del castigo físico a los niños y niñas en 32 países. En todos sin excepción me han dicho en los talleres que el castigo “era parte de su cultura”. Una de las cosas que ese informe dejó claro es que la violencia contra la infancia, aunque tenga algunas especificidades, no es algo cultural, ni propio de determinadas clases sociales o económicas. Es un problema universal, que tiene que ver con el abuso de poder en las relaciones interpersonales, con la necesidad de lograr un cambio en las relaciones entre las personas, y sobre todo entre los adultos y los niños, niñas y adolescentes. Un problema que tiene que ver con el reconocimiento de los niños, niñas y adolescentes como ciudadanos de pleno derecho. Y en este proceso quiero mencionar a dos personas que jugaron un papel clave y de los que se ha hablado poco esta semana. Por una parte, Jorge Cardona, como representante español en el Comité de los Derechos del Niño, y por otra, Elda Moreno como responsable del Área de Derechos del Niño en el Consejo de Europa, que impulsó la campaña “Tus manos son para proteger” contra el castigo físico, la campaña “Uno de cada cinco” sobre el abuso sexual infantil que surgió tras la aprobación en 2007 del Convenio de Lanzarote (Convenio del Consejo de Europa para la protección de los niños contra la explotación y el abuso sexual), y la campaña actual “Start to Talk” (“Empieza a hablar”) contra el abuso sexual en el deporte. Sin esas tres campañas esta ley nunca hubiera sido aprobada.

La segunda es a las Defensorías de los derechos del niño, niña o adolescente. Desde el área de infancia del Defensor del Pueblo hasta las Defensorías existentes en diferentes Comunidades Autónomas. Quiero destacar el trabajo de la oficina del Ararteko, el Síndic de Greuges, la OBIA (Oficina Balear de Infancia y Adolescencia), el Defensor del Pueblo Andaluz y la Defensoría del Ciudadano del Ayuntamiento de Palma, que se han posicionado públicamente en la denuncia de diferentes formas de violencia que estaban sufriendo los niños, niñas y adolescentes en sus respectivos territorios. La legitimidad de sus denuncias como instituciones independientes ha dado sostén al trabajo de las organizaciones de infancia en este proceso.

Y la otra mención que me ha faltado es a todos los profesionales que trabajan a diario con los protagonistas últimos de esta ley: los niños, niñas y adolescentes víctimas de violencia. Hablo de los profesionales del sistema de protección, que trabajan en recursos de acogimiento residencial o acogimiento familiar, en diferentes programas de intervención en riesgo, en los servicios sociales y como técnicos en los servicios de protección: educadores, psicólogos, trabajadores sociales…, todas esas personas que sostienen a diario el dolor de estos niños, niñas y adolescentes. Y especialmente quienes trabajan directamente en recursos de atención terapéutica especializada. Podría mencionar a muchísimos pero déjenme que mencione a las psicólogas de la UTASI con quienes hemos publicado el libro Poniendo alma al dolor, la Fundación Márgenes y Vínculos, ADIMA, la Fundación Xilema, la Fundación A La Par, Victoria Noguerol, María Pérez, José Luis Gonzalo, Javier Romeu Soriano, Begoña Aznarez y José Luis MarínJorge Barudy y Maryorie Dantagnan, Natalia Seijo, Cristina Cortés, Elena Borrajo, Loli Urízar Nieto, Ana Sieiro, Toni Echeverría, Josu Gago, Alberto Rodríguez, Javier Múgica… y podría seguir. He trabajado los últimos años con equipos profesionales de entidades que desde su trabajo en los recursos del sistema de protección llevan luz a la oscuridad de la que tratan de salir estos niños, niñas y adolescentes. Y lo logran cuando hacen bien su trabajo, les dan calidez y esperanza. Y una vez más esta semana han sido los grandes olvidados.

No solo han sido los políticos los que han hecho realidad esta ley, ni las caras visibles que hemos visto en los medios. Los que la hacen realidad y la harán a diario serán estos profesionales a los que tratamos de acompañar desde Espirales CI hace años. Pienso en los buenos docentes, los que miran las vidas de sus estudiantes más allá de las materias que imparten, ven el dolor que tienen delante y no lo ignoran. Pienso en los educadores y educadoras que trabajan a diario y sin descanso en los centros de protección, en los programas de intervención familiar en situaciones de riesgo, en los centros de servicios sociales municipales, en la calle, en las plazas, en los recursos de ocio y tiempo libre… Pienso en los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que resisten aunque “los otros”, como me dijo una vez un amigo, “siempre sean más y estén mejor dotados”. Pienso en los médicos, enfermeras y personal sanitario que miran a estos niños, niñas y adolescentes y ponen nombre al horror y lo firman en un informe del que tendrán que responder judicialmente, pero lo hacen porque saben que es parte de su trabajo. Pienso en los fiscales, jueces, equipos psicosociales, abogados, secretarios judiciales…, toda esa gente que trata de formarse y de mejorar un sistema que no está adecuado a proteger los derechos de los niños, niñas y adolescentes víctimas.

Porque la LOPIVI habla del horror del que es capaz el ser humano. Pero habla sobre todo de toda la red inmensa de gente increíble que yo he tenido el privilegio de conocer. Personas que se conmueven, se enfadan y se implican en la lucha contra ese horror. Este artículo pretende ser el pequeño homenaje mío en nombre del equipo de Espirales CI a todas ellas en un momento que merece celebración y memoria. Y, una vez acabado el artículo, toca seguir. Queda mucho, muchísimo por hacer. Y las sentencias de esta semana son prueba de ello. Pero cada vez somos más. Y así es mucho más fácil.

Gracias de corazón,

Pepa Horno (en nombre del equipo de Espirales CI)

Libro “Poniendo alma al dolor. Intervención terapéutica con niños, niñas y adolescentes víctimas de abuso sexual infantil” coordinado por Pepa Horno

Portada del libro "Poniendo alma al dolor"La supervisión técnica es un espacio de aprendizaje único, no solo para quien la recibe sino para quien supervisa. En los últimos años desde Espirales CI tenemos el privilegio de supervisar equipos de profesionales de distintos ámbitos del sistema de protección. El objetivo es la mejora de la calidad de la intervención desde el proceso de consciencia del profesional. Un espacio en el que se habla de los casos, pero sobre todo de la vivencia interna de cada profesional y como equipo.

En estos espacios nos encontramos con profesionales increíbles. Profesionales de un gran bagaje técnico, pero sobre todo con una calidad humana inestimable y un compromiso con el dolor de las personas a las que atienden difícil de igualar. Es el caso de Elena González, Carolina Moniño y Carmen Ruiz, psicólogas de la UTASI, la Unidad Terapéutica de Abuso Sexual Infantil que creó la Direcció General d’Infància, Joventut i Famílies del Govern de Illes Balears para atender a los niños, niñas y adolescentes víctimas de abuso sexual y con familias protectoras.

En el marco de esa supervisión surgió el proyecto de este libro, Poniendo alma al dolor. Intervención terapéutica con niños, niñas y adolescentes víctimas de abuso sexual infantil, que acaba de aparecer publicado por la editorial Desclée De Brouwer. De nuevo agradecemos a la editorial Desclée De Brouwer su compromiso con la publicación y difusión de obras dirigidas a mejorar las intervenciones técnicas desde la psicología.

En los últimos años se han desarrollado muchas publicaciones sobre abuso sexual infantil en nuestro país. Pero muy pocas describen el proceso terapéutico para atender a los niños, niñas y adolescentes víctimas de abuso sexual. No nos referimos a un manual técnico sobre las áreas a abordar  o sobre la comprensión del abuso, sino a una descripción detallada de CÓMO abordarlo. Una descripción del proceso que se sigue en la consulta desde el primer día que llega el niño, niña o adolescente hasta la sesión de cierre. Con el detalle suficiente para permitir que sea replicado por otros profesionales en diversos contextos. Profesionales que trabajan, siendo o no conscientes de ello, con niños, niñas y adolescentes víctimas de abuso sexual infantil. Por eso desde Espirales CI recomendamos su lectura a todos los profesionales que trabajan en el sistema de protección pero no solo, también a cualquier terapeuta que trabaje con niños, niñas y adolescentes.

Poniendo alma al dolor tiene además un segundo valor, y es la apuesta que sus autoras hicieron por dar alma y voz a ese relato. Y no podía ser otra voz que la de niños, niñas y adolescentes que pasaron en su momento por tratamiento y sus familias. Porque es su voz la única que puede transmitir su valentía, su capacidad de resiliencia y su proceso terapéutico.

El abuso sexual infantil no tiene por qué ser una condena, y los relatos de este libro lo prueban. No supone una condena si se recibe la ayuda y acompañamiento terapéutico adecuado, en el que la calidez afectiva se entiende como condición para el rigor técnico. Tampoco es condena si se tiene una red de apoyo afectivo sólida, que es otro de los factores de los que se habla mucho en este libro: el papel de la red de apoyo más allá de las familias. Las historias que hay en sus páginas le dan a este libro congruencia y consistencia.

Para ha sido un privilegio coordinar y participar en la elaboración de este libro, así como para Javier Romeo realizar la primera revisión técnica de su contenido. Creemos que es un libro necesario y tenía que ser escrito por profesionales en activo, con la legitimidad que dan años de experiencia viendo a niños, niñas y adolescentes víctimas de abuso sexual infantil. Y con el alma que sólo tres profesionales como ellas podían darle a sus páginas.

Como escribí en el prólogo, “Este libro guarda el horror y la maravilla de la que es capaz el ser humano. Y, sobre todo, la luz que surge de la oscuridad cuando se unen rigor profesional, honestidad y calidez humana”. Confiamos en que reciba la acogida que merece.

Pepa Horno

Taller “Prevención de violencia y creación de entornos seguros y protectores”, impartido online por F. Javier Romeo para UNICEF España los días 3 y 10 de noviembre de 2020

Taller “Prevención de violencia y creación de entornos seguros y protectores” impartido online por F. Javier Romeo (y por otras profesionales) para UNICEF España en el marco del programa Ciudades Amigas de la Infancia y dirigido a un público amplio: familias, profesorado, pediatras, pero también profesionales de administraciones locales (personal de ludotecas y campamentos y de actividades deportivas, responsables de dinamización de espacios de participación o equipos de servicios sociales).

Fecha: martes 3 y martes 10 de noviembre de 2020, de 11:00 a 13:00 (hora de Madrid).

Lugar: actividad online.

Más información e inscripción gratuita en la página del programa Ciudades Amigas de la Infancia de UNICEF España.

[Entrada original del 21 de octubre de 2020, actualizada a 10 de noviembre de 2020, fecha de la última sesión].

“Vínculo, trauma y disociación en niños, niñas y adolescentes”, conferencia de Pepa Horno en la II Jornada Uruguaya de Psicotraumatología el 26 de septiembre de 2020

Conferencia online “Vínculo, trauma y disociación en niños, niñas y adolescentes” impartida por Pepa Horno Goicoechea en la II Jornada Uruguaya de Psicotraumatología ON LINE organizada por CEPsTRA.

Fecha: sábado 26 de septiembre de 2020, a las 11:00 horas de Uruguay, 16:00 de España peninsular y baleares.

Inscripciones y más información en: mvdpsicotraumatologia@gmail.com

[Entrada original del 10 de septiembre de 2020, actualizada a 26 de septiembre de 2020, fecha de celebración del evento online].

Presentación online de la investigación “Llegar a tiempo. Niños, niñas y adolescentes en situación de riesgo en España” realizada por Espirales CI para Aldeas Infantiles SOS España el 24 de septiembre de 2020

Presentación online de la investigación “Llegar a tiempo. Niños, niñas y adolescentes en situación de riesgo en España” realizada por Espirales Consultoría de Infancia para Aldeas Infantiles SOS España. Esta investigación aborda la situación de la infancia vulnerable en España y el itinerario de un niño desde que es declarado en riesgo. El informe analiza una muestra representativa a nivel estatal de 150 municipios de todas las Comunidades Autónomas e identifica los recursos públicos disponibles para la intervención con niños, niñas y adolescentes en situación de riesgo con el fin de preservar la unidad familiar y evitar la pérdida del cuidado parental. En la presentación participarán, entre otros, Pepa Horno como coordinadora de la investigación y F. Javier Romeo como coordinador técnico.

Fecha: jueves, 24 de septiembre de 2020, de 16:00 a 18:00 (hora de Madrid).

Más información y preinscripción gratuita para la sesión por videoconferencia de la plataforma Zoom en la página web del Zoom de Aldeas Infantiles SOS España para este evento.

[Entrada original del 14 de septiembre de 2020, actualizada a 24 de septiembre de 2020, fecha de celebración del evento online].

Manual “Acompañando las heridas del alma. Trauma en la infancia y adolescencia” de F. Javier Romeo

Los niños, niñas y adolescentes que pasan por el sistema de protección han sufrido situaciones muy complicadas, tanto que a menudo muestran marcas de trauma. Comprender bien el trauma, saber identificarlo y actuar de forma protectora son responsabilidades profesionales en cualquier organización que trabaje en protección. Por eso ha sido un honor para mí haber escrito este manual, Acompañando las heridas del alma. Trauma en la infancia y adolescencia, que se publica en el marco de un nuevo proyecto con Aldeas Infantiles SOS a través de su Oficina Regional para América Latina y el Caribe.

Dos versiones del documento:

En este manual se recogen los puntos básicos a tener en cuenta respecto a cuatro aspectos:

  • La conceptualización del trauma, desde los aspectos básicos hasta teorías actuales, con los distintos tipos de trauma que se contemplan y la relación entre trauma y vínculo. También hay una reflexión sobre cómo la propia intervención de protección (la entrada en la familia, la retirada de los niños, niñas y adolescentes de sus casas…) puede ser traumática si no se realiza adecuadamente.
  • La identificación del trauma a partir de indicadores, con una atención especial a la disociación (que es un tema que genera mucho interés en las formaciones, y sobre el que suele haber poca consciencia). Además, se analiza en más detalle la influencia del trauma en manifestaciones especialmente difíciles de gestionar: la agresividad y las conductas consecuencia de abuso sexual.
  • La intervención entendida de forma integral:
    • La detección, que se puede realizar desde cualquier ámbito, para derivar a profesionales especialistas que puedan hacer la evaluación.
    • La intervención a nivel de sistemas, utilizando las herramientas ya trabajadas de Entornos Seguros y Protectores, la Disciplina Positiva y la Afectividad Consciente.
    • La intervención más concreta, cosas que se pueden hacer en el día a día desde las modalidades de cuidado alternativo o desde el trabajo comunitario.
    • La intervención terapéutica, que debe ser realizada por especialistas con formación específica en trauma, pero que se puede acompañar desde todos los niveles.
  • El abordaje del trauma a nivel organizacional, con una serie de pautas para el desarrollo de capacidades, la adecuación de los sistemas de actuación ante el trauma en niños, niñas y adolescentes y el posicionamiento institucional necesario para liderar cambios sociales.

El proceso ha sido muy interesante, y entronca con el trabajo previo que llevamos haciendo desde Espirales Consultoría de Infancia tanto con la Oficina Regional de Aldeas Infantiles para América Latina y el Caribe como para Asociaciones Nacionales. Las entrevistas iniciales y la reunión virtual previa me permitieron preparar el material para la formación que impartí durante tres intensos días de julio en Asunción, Paraguay, a representantes de Aldeas Infantiles SOS de veinte países y de la Oficina Regional. Sus preguntas, comentarios y aportaciones, que agradezco desde aquí, han sido imprescindibles para lograr el documento definitivo.

Espero que os resulte útil a quienes trabajáis con niños, niñas y adolescentes en cualquier nivel, y que os permita identificar mejor los traumas a vuestro alrededor para que, como dice el título, podáis ir “acompañando las heridas del alma” en el proceso de recuperación.

F. Javier Romeo

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